martes, 27 de mayo de 2008

MONOTEMÁTICO


Hasta hace poco pensaba que mis ojeras se debían a que dormía poco. Empecé a dormir mejor y las ojeras no se fueron. La ignorancia es felicidad: ahora sé que mis ojeras no son síntoma de cansancio, sino de envejecimiento... Tristeza nâo ten fim, la juventud sí. Hay unos versos (melodrámaticos, es cierto) de Rubén Darío que me dan vuelta por la cabeza en estas noches de insomnio:

Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver...
Cuando quiero llorar no puedo
y a veces lloro sin querer.

El hombre que escribió esas palabras está muerto. Tristeza nào ten fim...

6 comentarios:

fede dijo...

¿Cuánto costará un lifting, che?

nadie dijo...

Teniendo en cuenta tu inquietud ante la belleza y la muerte. Me pregunto qué te asusta más de envejecer, si la pérdida de la capacidad de atraer a otros a través de la lozanía, o la comprobación empírica de que la muerte es inevitable.


Sos vos el que dice que hay que hablar de lo que uno no sabe.

fede dijo...

Antes las miradas de las mujeres se detenían de otra manera cuando me encontraban... Ahora hay veces que ni se detienen.

La muerte es Ragnaök: es la batalla que nos disponemos a librar un día sabiendo que vamos a ser derrotados. De algún modo, es más fácil engañarse con la idea de que permanecemos invictos.

La vejez es una batalla que se pierde día a día.

Es como Bonavena-Alí: uno sabe que, tarde o temprano, lo van a nockear... pero por qué, encima, tiene que decirte: perdiste el 1er round... perdiste el segundo...
¿No podríamos, por lo menos, ser librados de ese cuidado, de ese énfasis dramático?

nadie dijo...

Se me ocurren tantas cosas sobre esto, que si las dijera, este sería un post largo, aburrido y confuso.


Y no, no podemos.Tal vez hasta lo necesitemos para ser tratables.


un abrazo cargado de eternidad

Walter L. Doti dijo...

¡Pero Ud. está bárbaro!
¡Déjese de joder, abuelo!

fede dijo...

ahora me voy a poner unos yelitos en las ojeras... En una de esas.