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miércoles, 30 de julio de 2008

EPISTOLARIO


Capitán Zorpodín,
(Querido Amílcar):

¿Habrá otro mar? ¿Cómo saberlo? Sólo sé que es hora de guardar las velas, de buscar un puerto y atracar... La tormenta algún día va a terminar, eso es seguro... Nadie muere por siempre; nadie tiene un alma tan hermosa (¡Qué agridulce ese consuelo!)

¿Por cuánto tiempo atraco? Si hay un Dios, tal vez alguien lo sepa...

Voy a buscar valor en otros sueños, en nuevos engaños que me mantengan vivo. Tal vez un día vuelva a ser valiente; tal vez un día vuelva a alzar mis velas y desafiar al viento.

No me voy con las manos vacías: me guardo el recuerdo de unos ojos que fueron crueles sin quererlo y un adiós que nunca dije; porque no existe un adiós, porque Ella nunca va a irse.

Aloir


Ingenuo Aloir:

No existen los valientes. Todos hacen el papel de tonto alguna vez. ¡Déjese de joder con tanta metáfora! El final del camino es la muerte, pero es uno el que elige qué camino. Hágame caso: menos verso, nene, y menos llanto...

Suyo en el alma,

Amílcar Zorpodín


Tragedia, pasado y misericordia. Un acercamiento a la obra de Ross Macdonald

  Nadie debería dejar este mundo sin haber leído a los cuatro grandes autores de la tragedia ática: Esquilo, Sófocles, Eurípides y Ross Macd...