........Es
curioso que siempre intentemos recordar nuestros sueños y no ese instante
imposible en que nos quedamos dormidos. Shakespeare habla de ese país, la
muerte, del que ningún viajero vuelve; qué decir de esa frontera efímera
entre el sueño y la vigilia, que todos atravesamos a diario, pero que nadie puede atestiguar, nadie recuerda.
Ocio, humor, literatura, pelusas de ombligo, revisionismo cultural, filosofía de potrero, perejilismo intelectual, chismografía anacrónica, musicología hipoacúsica, helenismo en pantuflas y otras incontinencias verbales...
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viernes, 1 de mayo de 2020
domingo, 13 de mayo de 2018
TRENES
Era tarde ya y la luz se desparramaba suavemente por
el vagón como una caricia de pereza y de sueño. El traqueteo del tren sobre las
vías, el juego inconstante del viento sobre su cara y su pelo, el bullicio
apagado y constante (esa lejana algarabía que hay siempre en los trenes), la
insistente monotonía del paisaje, todo parecía confabularse para que él durmiera.
Pero Manuel padecía esa curiosa enfermedad que suele sobrevenir a muchos
estudiantes; esa suerte de ocio expectante, de continuo alerta, que parece
atarlos a la conciencia y a un cansancio imperioso. No podía permitirse cerrar
los ojos ni dejar pasar un solo estímulo ante ellos sin atraparlo, sin
desmenuzarlo y gozarlo violentamente, desgajando de cada mínima percepción un
caudal inacabable de sensualidad, de furioso arrobamiento.
sábado, 11 de marzo de 2017
lunes, 26 de octubre de 2015
DESPERTAR
....El acto abrumador de despertar nos transforma en filósofos. Ese momento inaudito y precario es un enigma previo a toda certeza, a toda pregunta. Nada tiene sentido por la sencilla razón de que aún no se lo hemos dado... Son nada más que unos segundos, es cierto, pero son segundos en que no somos capaces de entender el tiempo; es un instante que es más un lugar, más un dónde que un cuándo; un caos sin conciencia de su caos. Si pudiéramos cifrarlo visualmente, lo veríamos como un puente inhóspito que no acaba de estar presente, que no existe sino en fuga; un espacio asombroso que vuelve ambigua la frontera entre dos mundos irreconciliables. Ese momento asombroso y confuso sería el momento ideal de preguntar, de develar todos los misterios. El problema es que todavía no hay un quién que pregunte; eso pasa después, cuando la magia termina o, precisamente, porque la magia termina. Por ahora no somos; no sabemos qué cosa es ser. Nuestra mano (aunque aún no es nuestra), delante de la cara es un monstruo inexplicable, algo que no hemos terminado de crear. Lentamente, en mórbido desfile de figuras extrañas, inhaprensibles, comienzan a transformarse en algo. Entonces (ya podemos decir entonces), el pánico (que olvidamos después, al llegar a la otra orilla) es devorado por el deseo apremiante de una salida, de un suelo que pisar; y así, la razón (ese otro monstruo), como un hilo de Ariadna al que nos aferramos con desesperación, nos salva…
.
martes, 20 de mayo de 2008
A ORILLAS DEL PSICOANÁLISIS

Sueños. Donde las máscaras ocultan lo que las máscaras revelan. Donde somos el actor y el autor prodigioso que es capaz de sorprenderse a sí mismo. Donde el deseo no tiene confines. Donde el tiempo se pliega en sí mismo y da lo mismo un siglo o un segundo. Donde perdemos nuestro nombre para saber quién somos.
Sueños. Donde creemos descubrir lo que ya sabíamos. Donde sabemos de nosotros sin saber de nada. Donde la noche nos atrapa y nos transforma en parte de su sombra. Donde debemos rastrear la sombra que será nuestra luz. Donde la verdad es una imagen perdida en un espejo.
Sueños. Donde perdemos el camino hacia nosotros, para así encontrarnos. Donde no hay un dónde ni un cuándo. Donde no hay, mucho menos, un después. Donde un abismo cruel intenta, curiosamente, salvarnos. Donde el último engaño, el último obstáculo, el último secreto, la última palabra no entendida, el último confín, la última curva inesperada, el último rincón donde la sangre se apetece, el último racimo de pasión inexplicable, el último delirio, el último estertor, el último fragmento de lo humano, nos espera, nos acecha, nos descubre, nos penetra, nos acoge, nos encuentra...
Sueños...
Sueños. Donde creemos descubrir lo que ya sabíamos. Donde sabemos de nosotros sin saber de nada. Donde la noche nos atrapa y nos transforma en parte de su sombra. Donde debemos rastrear la sombra que será nuestra luz. Donde la verdad es una imagen perdida en un espejo.
Sueños. Donde perdemos el camino hacia nosotros, para así encontrarnos. Donde no hay un dónde ni un cuándo. Donde no hay, mucho menos, un después. Donde un abismo cruel intenta, curiosamente, salvarnos. Donde el último engaño, el último obstáculo, el último secreto, la última palabra no entendida, el último confín, la última curva inesperada, el último rincón donde la sangre se apetece, el último racimo de pasión inexplicable, el último delirio, el último estertor, el último fragmento de lo humano, nos espera, nos acecha, nos descubre, nos penetra, nos acoge, nos encuentra...
Sueños...
domingo, 18 de mayo de 2008
EL SIGNIFICADO DE LOS SUEÑOS O QUINTA PATA AL PSICOANÁLISIS

Supongamos que un tipo al que lo asalta el pánico homosexual o no puede superar su edipo va y le dice a su psicólogo:
"Soñé que no me podía poner el zapato y todo el mundo se reía ¿Qué significa, doctor?"
Quitándose la consabida pipa de la boca, el psicólogo responderá con su consabido:
"¿Qué significa para usted?"
Y ahí empieza el problema: si el paciente está obsesionado por el pánico homosexual o por su edipo, va a encontrar una relación entre el sueño y esa obsesión, lo que no significa que esa relación sea real o, mejor dicho, anterior al momento en que la crea en el diván. Del mismo modo, un tipo que sueña que toma el té con masas con Perón y saca el pleno en la vespertina de Buenos Aires con el 48, tiene el mismo derecho a afirmar que los sueños son para eso. Incluso, tiene más derecho, porque no le juega a un número que sabe que va a salir.
Es decir: el examen psicoanalítico de los sueños, lo que es funcionar, funciona; pero constituye un (auto)engaño, como los placebos y la religión católica.
Para los que no tenemos intención de superar nuestro edipo o nuestro pánico homosexual sino que queremos saber, lisa y llanamente, qué significan nuestros sueños, esto es una mala noticia. Los sueños siguen siendo grandes enigmas... Quizás no signifiquen nada o lo signifiquen todo. O quizás Freud tenga razón y los sueños (y el mundo) sólo signifiquen lo que nosotros queramos que signifiquen.
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*¿Y si no son símbolos?
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