sábado, 3 de mayo de 2008

HAZ LO QUE HAGO Y NO LO QUE DIGO


Curioso destino el de Quinto Horacio Flaco. Primero, su Carpe diem, cuyo sentido era estoico, es considerado hoy como el llamamiento al hedonismo por excelencia. Esto, por supuesto, no es culpa de él, sino de los diccionarios de citas y de sus inescrupulosos lectores. Pero es de extrañar otro hecho curioso en su obra; una notable contradición en la que nadie parece haber reparado. Horacio promovió en uno de sus poemas más conocidos, el "Aureas mediocritas", la "dorada mediocridad", como doctrina o moral necesaria para alcanzar la felicidad. Sin embargo, su obra poética dista en mucho de ser mediocre. De su destino personal, ni hablar. En su vida fue todo, menos un hombre más entre los hombres: nunca pasó desapercibido. De hecho, nació siendo esclavo y llegó a compartir la mesa de los reyes e, incluso, a ser tutor de los aristócratas de su época. Por si fuera poco, fue también el principal protegido del más grande mecenas que haya existido: el propio Mecenas.

¿Se equivocó al promover la mediocridad como vía? ¿Nos equivocamos nosotros al suponer que lo que él buscaba era ser feliz? Como todos los grandes hombres, Horacio temió ser olvidado: temió morir del todo. Su enorme obra es un gesto de desesperación ante la muerte, ante la nada:

Terminé un monumento más perenne
[que el bronce
y más alto que las regias Pirámides
al que ni la voraz lluvia ni el
[impotente Aquilón
podrán destruir, ni la innumerable
sucesión de los años, ni la huida de los tiempos.
No moriré del todo: una gran parte de mí
se salvará de Libitina. Creceré
[en los que vengan
tras de mí con gloria siempre nueva,
mientras suba el pontífice al Capitolio
junto a la virgen silenciosa.
Se dirá de mí, allí donde el violento
Aufido fluye ruidosamente y donde
Dauno, pobre de agua, reinó
sobre silvestres pueblos,
que, aunque de humilde cuna, fui capaz
el primero de trasladar la lira Eolia
a metros Itálicos. Toma, Melpómene,
para ti la gloria ganada por mis méritos,
que yo sólo quiero que ciñas de buen grado
mi cabellera con laurel Délfico.

Salve Horacio.

7 comentarios:

fede dijo...

Para ser un tipo estoico, ha servido más que bien a mis espurios intereses de inmortalista y atanatósofo...
Ce vidiamo dopo, compagni!

Idea dijo...

Fede, ¿porqué el temor a morir del todo, el miedo a ser olvidado o la ambición de trascender es una condición sine qua non de los grandes hombres?
No sé si lo comprendo, ¿no es posible temerle a la muerte, desear vivir más que ninguna otra cosa pero finalmente aceptar que moriremos y una vez que eso suceda, que de lo mismo el olvido y la nada?

Verá, sigo sin dormir, pero el secreto, junto con el de la inmortalidad, es invisible...

Alexis Socco dijo...

Idea le recomiendio Alplax o Alpazolam y déjese de joder

Calderondelabarca dijo...

Desde el punto de vista del Sentido Común , me parece mucho mas realista un Atanatósofo que un buscador de Gloria póstuma.

Se me ocurre que esta última intención es , en mayor o menor medida , común a la gran mayoría del género humano. solo que , como decía , el Legado puede ser más o menos valioso. Y eso segun quien lo Juzgue.

Ello no quita que en algunas pocas personas esa proyección sea tan fuertemente dirigida , que sean capaces de aprehender ese Futuro e incorporarlo a su Presente. Imaginar esos Honores por venir con una intensidad tal que permita saborear ya mismo su Miel.

Puesto a elegir , hoy prefiero estar vivo a ser Miguel Ángel.

Y me parece que , en su momento , este Flaco habría preferido lo mismo antes que ser Julio César. Lo cual no quita su Grandeza.

Calderondelabarca dijo...

Hubiera , no habría. Pasa que la compu se me reinicia sola y tengo que escribir el comentario rápido y sin corregir. Se me borra !

fede dijo...

Idea:

Sí, la sensatez es, sin dudas, la mejor de las respuestas, pero no es la mía. Pero si lo piensa bien, su argumento es el mismo por el cual pretenden que aceptemos (o resignemos) que en el mundo siempre va a haber pobres e injusticia. ¿Qué quiere que le diga? No creo que nadie sea capaz más que de fingir esas resignaciones. Son mi insensatez lo que me mantiene vivo. Hágale caso a Almafuerte: "No te des por vencido ni aun vencido"

Calderón:

Su comentario fue muy atanatosófico: ¡Qué no se diga!
La gloria post mortem es un chupete que a uno le guardan para cuando sea grande. En todo caso, yo quiero la gloria en vida y, mejor todavía, la vida en gloria. Y le cambio siempre una lápida de mármol en un día imposible por un caramelo de frutilla.

Calderondelabarca dijo...

Fede :
Y su comentario fue muy Bonavénico.
Que tampoco se diga.

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