jueves, 1 de mayo de 2008

AMÍLCAR ZORPODÍN


Amílcar Zorpodín afirmaba haber llegado a los ciento ocho años por haber sabido elegir a las putas. El secreto de la inmortalidad, según Zorpodín, estaba en algunas mujeres, en esas que “parecen mirar desde más allá del tiempo”, declaración pretenciosamente poética que se volvía muy curiosa en aquella boca desdentada, ya sin labios, pero, incluso así, profundamente voluptuosa, dulcemente lúbrica... Uno podía pasar horas viéndolo mordisquear con sus encías aquella pipa interminable, rara vez prendida, tratando de abstraerse del desagradable río de baba que solía recorrerla, formando enormes gotas que acababan por caer en rápidos chicotazos, y que uno hacía enormes esfuerzos por no mirar.

Los ojos de Zorpodín eran de un azul que no existe en el mundo, de un azul que era más hondo que ese mar que había estado viendo toda su vida, desde tantos barcos que “me sorprende”, decía el viejo, “que todavía haya algo que pescar”. Aquel azul no parecía hecho para el mundo, parecía salir de más allá, del territorio de los sueños y las maravillas. Mostraban la magia que le había tocado vivir al viejo, esa magia que había robado de mil mares, que había vivido en el amistoso abrazo de hombres de mil razas, en el licor de mil pueblos que todavía llevaba en la sangre. Porque Zorpodín vivía en un perpetuo estado de éxtasis, en una ensoñación alcohólica que, a veces, degeneraba en una borrachera cruel. Entonces, al viejo, que parecía haber vivido la totalidad del tiempo, le llegaban, desde más allá de ese inagotable tiempo, los recuerdos que él prefería domados.

No había tenido nunca hijos y quizás eso era lo mejor, porque Amílcar, a pesar de su edad, no parecía tener edad, no hubiera podido ser nunca el padre o el abuelo de nadie. Era inescrupuloso y hedónico. Hacía de la vida un trago de ginebra que apuraba rápidamente, con una violencia que hacía inverosímil su longevidad. Le gustaban las mujeres más que ninguna otra cosa y, también, el alcohol y el tabaco, la noche sobre el inmenso mar y el silencio quejumbroso y mordaz de los burdeles. Y le gustaba, sobre todo ahora, resignado a su célibe infancia centenaria, hacer un extraño chasquido con su lengua una vez que dejaba caer una de esas gemas poéticas, tan características en él, para luego dejar vencerse por el otro Zorpodín, no el poeta chapucero de palabras lentas y antiguas, sino el otro, el que había luchado, inconcebiblemente, en la segunda guerra, el que había conquistado la cima del Kilimanjaro y bebido las aguas del lago Viktoria, el que había compartido fogatas de noche y ginebra con guerreros maoríes en Samoa, con rudos pescadores rusos y pigmeos de piel “casi azul de tan negra”, ese otro poeta anecdótico y vital, más hondo e intuitivo, más profundo y humano:

––...con ojos que miran desde más allá del tiempo...––, decía y, entonces, el chasquido, la pipa saliendo de su boca, los ojos entrecerrados por el humo blanco y espeso y el remate rotundo, siempre chusco ––Eso y el culo grande, nene, el culo bien grande, que no me entre las manos...
Aloir Edef

20 comentarios:

Idea dijo...

Fede, un lujo leerlo.

fede dijo...

Idea:

¿Usted no duerme?

Subtitulado:

Gracias

Idea dijo...

En un rato le publico la respuesta.

Eugenia dijo...

Muy bueno, Fede. Asi que el secreto de una larga vida era ese. Tantos hombres buscaron incansablemente el elixir de la juventud...pero el unico que lo encontro hasta ahora es Amilcar. Increible ejemplo de vida y coraje. Es un modelo a seguir. Ojala todos los hombres tuvieran ese sentido del romanticismo y esa profundidad.
Aguante Amilcar.

P.D: Fede, si usted estaba expectante por algun comentario mio, continue asi. Mejor me voy al blog de Caro a escribir sobre el concepto del arte, calculo que ahi voy a poder hacer aportes mas enriquecedores que los desarrollados en este comentario.
Saludos.

Carolingio dijo...

Aloir:

Me gusto mucho. Deberias escribir (o hacer publico lo escrito) mas seguido.

Tengo que contar algo, esperando que se abstengan a hacer chistes al respecto. Soñe que unos extraterrestres invadian la tierra y mientras escapaba de ellos, me encontraba con vos! Ah, hasta que me desperte, sobrevivias.

Luc dijo...

Conozco a un cofrade de Amílcar Zorpodín, entonces son ellos los verdaderos inmortales? Era Gilgamesh el que encontraba la inmortalidad en una rosa y luego la perdía?

Saludos, Luc

fede dijo...

Eugenia:

Gracias por bajarse de la moto para darse una vueltita. Sé de sus horarios infernales. Espero que también se pueda hacer un minuto para publicar algo.


Carolingio:

Yo la reconocí rápido; no tanto por el violín, como por los extraterrestres que venían atrás suyo (¡Pavada de paranoia la suya!)Pero usted ¿Cómo me reconoció a mí? ¿Sería yo, che?


Luc:

¡Qué cosa ese Gilgamesh! ¡Y uno que se siente un boludo porque pierde las llaves! Porque lo de perderlas es literal: no es que se la afana un monstruo o se deshace cuando despierta o una de esas cosas: se queda dormido en la balsa y se le cae al agua. ¡Qué perejil!

Carolingio dijo...

No se con seguridad si eras vos. Creo que si.

Ahora que releo el texto, creo que hay algo muy importante de resaltar dentro del relato de zorpodin. La única forma de lograr sentir la inmortalidad es a través del amor. Incluso creo que logra algo casi tan importante como el no morir: que, por momentos te olvides de la caducidad de la vida, de lo implacable de la muerte. Por momentos, gracias al amor, uno se siente eterno.

Alexis Socco dijo...

Depravado como usté
Y Ulises en la balsa

fede dijo...

Carolingio:

Me hizo acordar de algo muy curioso. Algún lingüista trasnochado pretendía haber encontrado la etimología de la palabra amor y afirmaba que provenía de a (prefijo negativo) y mors (muerte), es decir: la no-muerte, lo opuesto a la muerte. Cuando me acuerde del nombre del tipo le cuento, pero le aseguro que no es un invento mío.


Alexis:

De una cosa esté más que seguro: de una sola fuente no me va a ver beber nunca; de la de la normalidad. RAE: Depravado: "corrompido en las costumbres" Permítame aceptarlo como un elogio.

PD: A ver cuando repetimos la cena. Pero esta vez, consigamos algunas mujeres, que sino se vuelve medio insulso.

Walter L. Doti dijo...

"...resignado a su célibe infancia centenaria..." --> ¡Muy bueno!

Insisto siempre a quienes pretenden escribir, Ud. lo sabe, a que encuentren su voz propia. Si esa voz coincide con un mundo posible no explorado, tendremos allí a un artista. (Yo creo haber encontrado mi senda, pero camino a tientas por ella).
Este texto, creo entender, cubre mis dos requisitos. Primer exponente de una literatura "atanosófica hedonista" (subdivisión de la escuela a la que, lamentablemente, no pertenezco). Siga por esta ruta. Ningún mapa lo indica, claro. Pero hágame caso.

Idea dijo...

Fede, yo en su lugar le haría caso al amigo Doti, sabe de lo que habla y parece un buen consejo, haber encontrado una voz y transitar un camino no explorado, es más difícil que lograr la inmortalidad. Walter, pavada de definición para el artista, tal vez uno deba retirarse resignado a buscar el secreto de la vida eterna.

Calderondelabarca dijo...

Lo felicito, Sr Fede , por describir tan bien a este Personaje de su galería inacabable , que hoy ha vuelto a mi memoria.

Recuerdo haberlo visto en el Puerto de Mar del Plata una fría tarde de Semana Santa de 1996 , mientrás hacíamos una estúpida cola para comer Rabas frías.
E irrumpió en la Charla así como así.

Tomada para sí la Palabra , se nos antojó ver un Patriarca. Y el pánico reverencial nos impidió siquiera intentar reclamársela.

Contó como atracó con su Chalupa en el puerto de Montevideo al amanecer del 4 de Noviembre de 1967.
Y como , por esa curiosidad que siempre lo ungió, se dejó llevar por la multitud que se dirigía al Estadio Centenario para ver Rácing - Celtic.

Y aunque admitió - raro en él - que nada sabía de Fútbol , de pronto se vió dentro de áquel Coliseo con cien mil personas alrededor.
Azorado , sin pronunciar palabra alguna.
Hasta ese segundo que algo lo exorcizó y le hizo liberar de su áspera garganta áquel histórico grito :

¡ Pegále , Changooooo ! . Y vaya si le hicieron caso .

Pido una sola razón - sólo una - para no creerle.


Hombre de tres centurias , la historia de cada Siglo lo reclama para sí.

fede dijo...

Walter e Idea:

¡Qué más quisiera yo que haber inventado algo! Pero a este tipo de personajes parecen condenados a la inmovilidad, a la anéctoda, la narrativa es algo mucho más difícil (o diferente, no sé) Créanme que llevo años tratando de narrar el sentimiento trágico de la vida y el apetito de inmortalida, pero no encuentro la forma. Si un día lo consigo, les mando un mail. Por ahora los remito al post "La poesía de Degas" que acabo de publicar.

Agradeciendo su siempre confiado entusiasmo, su amigo:

Aloir

Idea dijo...

Fede, el sentimiento trágico de la vida no se narra, se percibe y se palpa en las narraciones, y nunca será usted el mejor juez de las sensaciones que produzcan sus palabras.

fede dijo...

Carolingio:

¡Qué grosero estuve, che! Siempre pensé que soñar con alguien es la forma más poética de recordarlo y ser recordado es ser dos veces. Gracias por contarme de su sueño.

fede dijo...

Calderón:

Si lo vuelve a ver a Amílcar, avísele que ando buscándolo desde hace tiempo. Tengo una botella de vodka esperándolo en casa.

Alexis Socco dijo...

Fede:

Si a Ud. le parece insulso un encuentro conmigo pq no hay mujeres, entonces dé por concluida la amistad. No cambiaría una cena con ud. X una hembra dotada de las cualidades que caracterizan la madurez síquica.

Carolingio dijo...

MUY grosero, Federico. Imperdonable. Sigo quedandome con Luis Tarrio, aunque todavia estoy esperandolo: Me ha dejado plantada.

fede dijo...

Carolingio:

Lo que pasa es que le dimos mal la dirección para que se pierda: si lo encuentra ponga cara de médico o de tenedor de libros, así no la reconoce... Y si la reconoce a pesar del disfraz: disfrácelo a él, que así se marea.