
Oscar Hermes Villordo en Buenos Aires pero chaqueño médula. Novelista, periodista… poeta. ¿Olvidado? Olvido nuestro no suyo que nadie muere por otro. Y que memoria todo inmarcesible verso, rosa sin días. ¿Escuelas qué sabía y lo encerraran? De jaulas, nada; otro: todo! Delicado beso esa mano cerrándose en caricia su muerte. Lo que queda:
LA POESÍA
Como una llama te llevé conmigo
sin merecerte. Débil, persistías;
y pasaban los días y los días,
y fui, más que tu amigo, tu enemigo.
Te guardaron mi alma y el abrigo
de mi mano de tantas agonías.
Yo no sé qué tenías, qué tenías,
que eras mi salvación y mi castigo.
Y ahora tu fantasma y mi reflejo,
el verso que te doy y no se entrega,
van por el mundo como ciego y ciega.
Todavía en mi alma te protejo,
todavía tu luz hasta mí llega,
todavía nos copia ese Otro Espejo.
Despídome con opinión concluyente:
LA POESÍA
Como una llama te llevé conmigo
sin merecerte. Débil, persistías;
y pasaban los días y los días,
y fui, más que tu amigo, tu enemigo.
Te guardaron mi alma y el abrigo
de mi mano de tantas agonías.
Yo no sé qué tenías, qué tenías,
que eras mi salvación y mi castigo.
Y ahora tu fantasma y mi reflejo,
el verso que te doy y no se entrega,
van por el mundo como ciego y ciega.
Todavía en mi alma te protejo,
todavía tu luz hasta mí llega,
todavía nos copia ese Otro Espejo.
Despídome con opinión concluyente:
Alguien me dijo que estás muerto, hermano. ¿Pero cómo? ¿Cómo? Si en cada nuevo adiós te siento vivo?


