La razón no pudo encontrar nunca una raíz absoluta para la ética, por lo que tiende siempre a un peligroso relativismo. La religión, pone esa raíz en el supremo bien simbolizado u objetivado en Dios, por lo que tiende a un estatismo ético, preservando e instituyendo dogmas creados para realidades históricas y simbólicas ya perimidas. Mientras que la razón disuelve sus esfuerzos en su incapacidad de conciliar idea y mundo, la religión, en su esencia misma, niega la posibilidad de la evolución de las normas morales.
Pero, ¿qué pasaría si asumiéramos que no hay una raíz racional o religiosa en el comportamiento moral, sino una elección arbitraria, en fin, estética?
Nuestros conceptos de justicia y bondad, son esencialmente geométricos; están basados en nociones como mesura, equilibrio y simetría, todas ellas, muy ligadas a nuestra concepción del hecho artístico. Todo acto cuya finalidad es artística, así como todo acto cuya finalidad es moral, presuponen establecer un orden allí donde no lo hay. ¿Todo acto humano no sería, entonces y por definición, a la vez estético y moral? ¿No habrá, al fin de cuentas una identidad entre ambos parámetros?
Un mismo acto es aceptable en un individuo y repudiable en otro y nadie, por muy profundas sean sus creencias escapa a esta regla, que se da de hecho en el mundo. La razón es muy simple: cada uno tiene su estilo. Cada uno construye una identidad como artista, como ser moral, que le abre las puertas a determinados comportamientos y le cierra la puerta a otros.
La ética, en un plano restringido, consistiría en elegir (desde un punto de vista puramente estético) el tipo de personalidad que deseamos y en asumir los beneficios y desgracias anejos a esa identidad. En fin, en responder a aquel viejo axioma sanmartiniano: “Serás lo que debas ser o no serás nada” En un plano más amplio, el que incluye a cuestiones de fondo, presupone elegir en qué creeremos y en qué no.
“¿Cuándo debemos mentir y cuando no?” Sería en un mundo sin Dios, sin un Imperativo Moral, no muy diferente a preguntarse: “¿Cuándo debo escribir en verso o en prosa?” Quizás, lograr ser nobles, requiera de asumir ese destino y de contar con la suficiente sensibilidad estética para saber determinar en qué momento mentir , espiar o, incluso, matar, es adecuado.
Posdata al 23 de febrero de 2009: Descubro con asombro y tristeza que esta es una tesis de Nietzsche. Para colmo, la tuvo antes que yo.
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A propósito, la película se llama "Secondhand lion"