
Los desafío a encontrar una sola imagen en que a Isabella Rossellini no se la vea, además de hermosa, elegante y misteriosa... Los desafío a explicar esa belleza y ese misterio... Los desafío a decirme que hay justicia o sensatez en aceptar que el tiempo y la muerte la corrompan...
Sí, ya sé que hay muchas mujeres lindas en el mundo; lo acepto y, por supuesto, lo celebro. Pero ninguna como ella. Ni siquiera su madre*, tan igual y tan distinta a la vez.
Y no me vengan con eso de que ustedes no tienen a alguien escondido por ahí, en ese extraño lugar en donde el deseo y la quimera se confunden. Si se atreve, lector, dígame su nombre antes de que desmonte de mi rocín, que "yo os haré jurar que jamás has visto a Isabella, que si visto la hubiéredes, yo sé que procuráderes no poneros en esta demanda, porque su vista os desengañará de que no ha habido ni puede haber belleza que con la suya compararse pueda...**"
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*Para los distraídos, Ingrid Bergman.
**Para los marcianos, "Don Quijote de la Mancha"