
La toesa, en la Francia del medioevo, era una medida de longitud de unos dos metros. Ese es un dato verdaderamente inútil, sin dudas, pero un dato inútil puede ser, también, siniestro: una toesa, era la altura mínima que debía tener una horca para que los pies del reo no pudiesen tocar el suelo. Y si alguien supo lo siniestra que puede ser una horca, ese fue François Villon (1431?-¿?), poeta, bandido y siete oficios, quien vivió atormentado por la idea de morir a una toesa del piso, debido a su vida licenciosa.* De hecho, François estuvo en prisión varias veces, donde fue torturado y vejado y donde, otras tantas veces, pesó sobre él la pena de muerte. En ocasiones, su fe lo abandonó, pero nunca lo hicieron su talento y su capacidad de ironía. Cierto día, mientras aguardaba su ejecución en una mazmorra**, escribió la siguiente cuarteta:
Yo soy François, cuánto me pesa,
Nací en París, cerca de Pontuesa,
Colgado a una cuerda a una toesa
Sabrá mi cuello lo que mi culo pesa
François fue indultado a último momento por Luis XI, que se enteró de casualidad de la suerte que correría el poeta y, curiosamente, le importó. Fue exiliado de Francia por diez años y nunca más se supo de él.
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*Frecuentaba lupanares, pateaba tachos, robaba y escribía poemas.
**Como verán, he logrado resistirme a usar el epíteto "sucia"
**Como verán, he logrado resistirme a usar el epíteto "sucia"
N del E: Reparen en la sutileza del segundo verso.