
No era para tanto. No me estoy por suicidar ni me siento tan viejo. Para tranquilidad de los lectores de esta porfía, voy a hablar de la sensación opuesta que tengo hoy. Me levanté feliz y agrandado como biscocho en leche. Hoy me siento Clint Eastwood. Me puse el sombrero y salí a la calle, bien peinadito y pisando fuerte. No hace tanto frío y no llueve. Hoy tengo ganas de ser ingenuo y feliz:
"¿El dinero o la chica?" Grita el malo (que es el de sombrero negro)
"No sé... ¿Qué mina? ¿De cuánta plata estamos hablando?"