
“Del dolor se aprende”, afirma el refrán popular*. Es triste confirmar, otra vez, que las fórmulas de la resignación tienen siempre un sabor agridulce. Cada nuevo dolor nos hace esperar menos, de modo que uno puede aprender a desear menos y evitar un dolor innecesario. Es cuestión de economía, de sensatez. Pero ¿ser mediocres en el deseo, lo único que realmente depende de nosotros, es, entonces, la lección a aprender? Se nos podrá decir, también, que con cada nuevo golpe nos volvemos más insensibles al dolor. Eso suena un poco más prometedor, si no fuera porque dolor y placer son las dos caras de una misma moneda. Volvernos insensibles a uno, tiene por precio ser insensibles al otro. Y, quiéranlo o no, esta filosofía de la fortaleza espiritual, tiene siempre algo de despecho, de rencor. No dudo que el dolor tenga mucho que enseñar, pero dudo que sea algo que queramos aprender o aceptar. Al menos, dudo que sea algo que yo quiera aprender o aceptar.
Creo que es preferible, pese a todo, mantener la esperanza. Se trata de una esperanza (como toda esperanza) ingenua e infundada; la esperanza de que no importa cuántas veces nos toque vivir el dolor, mientras nos esté deparado el placer en algún momento. Y no tiene sentido sopesar los pro y los contra, porque entre más veces hayamos sufrido, más valor tendrá el goce, más inmenso, más inconmensurable se verá a nuestros ojos, por obra y gracia de la bendita relatividad mal entendida. Y porque, como decía el maese Shakespeare:
Creo que es preferible, pese a todo, mantener la esperanza. Se trata de una esperanza (como toda esperanza) ingenua e infundada; la esperanza de que no importa cuántas veces nos toque vivir el dolor, mientras nos esté deparado el placer en algún momento. Y no tiene sentido sopesar los pro y los contra, porque entre más veces hayamos sufrido, más valor tendrá el goce, más inmenso, más inconmensurable se verá a nuestros ojos, por obra y gracia de la bendita relatividad mal entendida. Y porque, como decía el maese Shakespeare:
“Dulce es el fruto de la adversidad”**
ERGO: Sólo es posible aprender del dolor, si le tememos. Los valientes, que desdeñan el temor, desdeñan, también, las enseñanzas del dolor. Y esperan… esperan impacientes, un nuevo desafío.
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*“Al que madruga, Dios lo ayuda”/ “No por mucho madrugar se amanece más temprano” ¿Cómo puede creer alguien que va a encontrar sabiduría en los refranes?
**Curiosamente, el personaje que dice esto en “As you like it”, se llama Federico.
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*“Al que madruga, Dios lo ayuda”/ “No por mucho madrugar se amanece más temprano” ¿Cómo puede creer alguien que va a encontrar sabiduría en los refranes?
**Curiosamente, el personaje que dice esto en “As you like it”, se llama Federico.