Durante años, me sostuvo en la vida la idea de que había elegido un camino difícil y, muchas veces, desalentador, pero un camino que creía mío. Ahora, miro hacia atrás y veo que me deparó mucho dolor y que no encontré en él lo que buscaba. Me pregunto si será posible salir de ese camino. Me pregunto si, realmente, quiero hacerlo. Hasta hoy, este poema de Robert Frost sintetizaba lo que podríamos llamar mi destino. ¿Qué poema tendría que ser mi nueva brújula? ¿Qué meta tendría que proponerme?
Dos caminos se habrían en un bosque amarillo,
Y apenado por no poder tomar los dos
Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve quieto
Mirando por uno de ellos tan lejos como pude,
Hasta donde se perdía en la espesura;
Entonces tomé el otro, imparcialmente,
Y habiendo tenido quizás la elección correcta,
Porque era tupido y requería uso;
Aunque en cuanto a lo que vi allí
Hubiera elegido cualquiera de los dos.
Y ambos esa mañana yacían igualmente,
¡Oh, había guardado aquel primero para otro día!
Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,
Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.
Debo estar diciendo esto con un
suspiro
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se habrían en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia.
