
Hace poco, Walter me pidió que hiciera referencia a una metáfora que usé en una conversación que tuvimos. Hablábamos de la creatividad; de como el juicio crítico debe ser posterior y no anterior a su ejecución; de como es preferible llenar el cesto de basura de malos poemas a no escribir poesía nunca; de que "echando a perder se aprende"; de aquella vieja ley práctica de la Atanatosofía, la "certeza metódica", por la cual uno asume que va a lograr su cometido como paso indispensable para lograrlo, etcétera. En fin, que en cierto momento, sin temor a estar diciendo una tontería, afirmé:
-La creatividad supone un fin impensado, por lo que crear algo es como cazar patos de noche; no sirve de nada apuntar: hay que disparar 20, 30, 40 veces, hasta oir que algo cae al agua y rogar, después, que sea un pato... O algo mejor que un pato.
-La creatividad supone un fin impensado, por lo que crear algo es como cazar patos de noche; no sirve de nada apuntar: hay que disparar 20, 30, 40 veces, hasta oir que algo cae al agua y rogar, después, que sea un pato... O algo mejor que un pato.