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sábado, 13 de junio de 2009

¡HARTO DE PAGANINI Y SUS CAPRICHOS!



Groucho Marx era un gran admirador del violinista Jascha Heifetz. Cierta vez se lo encontró en un recital y le preguntó desde cuándo se dedicaba a la música, a lo que el maestro contestó:

"Bueno, vivo de la música desde los siete años"

A pesar de lo sorprendente de aquella confesión, la réplica de Groucho no se hizo esperar:

"¡Ajá! ¡E imagino que antes era sólo un holgazán!"

lunes, 18 de mayo de 2009

¿DE QUÉ TE REÍS?




A D..., un pibe amigo
que entendió un chiste que
yo a su edad no hubiera entendido


Una vieja se tropieza en la calle y se cae. Un hombre pasea distraído y una paloma deja caer sobre él el fruto de sus entrañas y no se trata precisamente de un güevo. Un delantero de primera división patea a centímetros de la línea de meta y la pelota, trazando una parábola inverosímil, sale proyectada por encima del parante superior del arco. El tío Tito dijo "culo". Un empleado se sube el pantalón hasta las axilas y remeda, torpemente, la voz del dueño, convenientemente ausente de la escena...

Son muchas las estupideces que nos hacen reír. Negarlo es absurdo y acaba por crearnos una merecida fama de culturosos o pedantes. El humor siempre encierra una mínima cuota de crueldad, de zoncera, en fin; de mal gusto. Perdonar e, incluso, alentar la aerofagia controlada de un cuñado puede ser entendible en un mundo que da muy poco lugar al placer. Pero esa tentación de medianía encierra un gran peligro: toda vez que se estimulan los mecanismos más elementales de nuestro espíritu, se corre el peligro de paralizar o insensibilizar los más sutiles. Así como la mujer que se acostumbra a ser tratada como una basura tiende a enamorarse de bravucones, el espectador que es acostumbrado a oír chistes verdes y bloopers pierde la capacidad o entrenamiento para gozar de juegos más complejos. Lo complejo y lo sutil encierran una mayor riqueza y acarician, estimulan, aspectos más elevados. Todo arte (el humor incluído) supone este tipo de caricias un poco más sutiles que, directa o indirectamente, nos transforman en mejores personas.

Yo no sé ustedes, pero a mí me gustaría vivir en un mundo donde más personas puedan reírse de Groucho y en donde más personas (al menos de vez en cuando) cambien de canal cuando venga el show de los chistes, aún sabiendo que se reirían. En fin: me gustaría vivir en un mundo donde no todos acepten caricias groseras por temor a no encontrar o no merecer caricias más nobles.

Tragedia, pasado y misericordia. Un acercamiento a la obra de Ross Macdonald

  Nadie debería dejar este mundo sin haber leído a los cuatro grandes autores de la tragedia ática: Esquilo, Sófocles, Eurípides y Ross Macd...