El ocio es padre de la civilización: arte, filosofía, ciencia, religión y tabúes son creaciones de hombres ociosos. La ética del trabajo fue creada por los que gozan del ocio y la riqueza para asegurarse el trabajo de aquellos que posibilitan su ocio y riqueza. Con dinero no se compra más que tiempo... lo que equivale a decir que se compra ocio. Además, en un mundo donde la desocupación se acrecienta y donde la producción de los bienes de consumo requieren cada vez de menos mano de obra ¿No es lo sensato trabajar menos y remunerar mejor el trabajo? Y en cuanto al aspecto moral, el cristianismo, que mucho ha hablado de la dignidad del trabajo, olvida que este constituye el castigo del pecado original y no un premio. Si algo sabemos del Paraíso es que en él nadie debía “ganarse el pan con el sudor de su frente” y, si algo sabemos del Cielo es que allí los elegidos quedarán en “absoluta contemplación de Dios”, es decir, que no harán nada. Ocio, humor, literatura, pelusas de ombligo, revisionismo cultural, filosofía de potrero, perejilismo intelectual, chismografía anacrónica, musicología hipoacúsica, helenismo en pantuflas y otras incontinencias verbales...
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miércoles, 14 de mayo de 2008
APOLOGÍA DEL OCIO (OTRA NOTA INTEMPESTIVA)
El ocio es padre de la civilización: arte, filosofía, ciencia, religión y tabúes son creaciones de hombres ociosos. La ética del trabajo fue creada por los que gozan del ocio y la riqueza para asegurarse el trabajo de aquellos que posibilitan su ocio y riqueza. Con dinero no se compra más que tiempo... lo que equivale a decir que se compra ocio. Además, en un mundo donde la desocupación se acrecienta y donde la producción de los bienes de consumo requieren cada vez de menos mano de obra ¿No es lo sensato trabajar menos y remunerar mejor el trabajo? Y en cuanto al aspecto moral, el cristianismo, que mucho ha hablado de la dignidad del trabajo, olvida que este constituye el castigo del pecado original y no un premio. Si algo sabemos del Paraíso es que en él nadie debía “ganarse el pan con el sudor de su frente” y, si algo sabemos del Cielo es que allí los elegidos quedarán en “absoluta contemplación de Dios”, es decir, que no harán nada.
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