A fugitivas sombras doy abrazos...
Voces, nada más que voces... con eso
tratamos de olvidar nuestro miedo al silencio. Absurdo, porque el temor está
ahí y siempre vuelve, cambiando sus máscaras habituales por otras más simples,
que pasan desapercibidas a nuestros ojos.
Voces... voces y más voces que acaban en
el temor de ya no saber quién habla; si somos nosotros o la muerte, si todavía
podemos, a pesar de nuestro miedo, seguir siendo nosotros.
