Siempre es el cumpleaños de alguien: hoy es el mío... Son mis primeros 33 años. La edad justa para ser crucificado y el envido perfecto para cantar la falta (al menos de mano). Que yo sepa, el 33 no tiene ningún otro abolengo. Sin embargo, todo cumpleaños lleva a plantearse un balance de nuestras oscuras existencias, tras el cual, uno no puede evitar caer en la tentación de plantearse objetivos a futuro que sabe que no va a (intentar) cumplir. ¿Que cuál es el meollo de este post? Buena pregunta; posiblemente ninguno, salvo participarlos del agridulce evento: un año más, es también (o, más bien), un año menos. En fin, que el guiso de hoy tiene un cierto dejo a resignación y a derrota, que bien podría modificarse radicalmente con el modesto regalo o salutación que puedan enviar a:
(Condena eterna al que mande poemas)