
Ayer, mi amigo M… me dijo que no compartía esa afirmación de Wilde de la que suelo hacerme eco tan a menudo: “Todo arte es completamente inútil.” M… me afirmó, juró y perjuró, que encontraba sosiego en la obra de los grandes artistas. “Admito” dijo, “que el dolor ante la soledad no desaparece, por ejemplo, cuando uno lee a Dostoievski pero, en cambio, uno se siente un poco menos tonto al ver que hombres muy superiores a uno padecen de ese mismo mal… Y eso, al fin de cuentas, ¿no nos ayuda a tolerar ese mal?” He aquí mi respuesta:
Hacia 1.321, un poeta florentino llamado Dante Alighieri, murió dejándonos la que para muchos es la mayor obra literaria jamás escrita: “La Divina Comedia”. Esta obra tiene, incluso hoy, una enorme influencia artística y religiosa en todo el mundo y toda ella gira en torno a una imagen central, una musa terrenal, llamada Beatriz Portinari, a la que Dante amó inquebrantablemente. Hace poco me enteré de que Dante, en esa grosera ficción a la que llamamos realidad, le era indiferente a su amada Beatriz y que, incluso, el poeta sólo pudo verla dos o tres veces a lo largo de su vida.
Me declaro culpable de este y otros delitos. Un poco más inconstante que el florentino, Beatriz fue para mí un grupo reducido (pero grupo al fin) de mujeres. No tuve mucho mejor suerte que Alighieri. M… sé que a usted le ha pasado algo similar más de una vez. Quizás a alguno de mis lectores le haya pasado. No sé si el destino de Dante o si la Divina Comedia les sirven de consuelo. A mí no.
Hacia 1.321, un poeta florentino llamado Dante Alighieri, murió dejándonos la que para muchos es la mayor obra literaria jamás escrita: “La Divina Comedia”. Esta obra tiene, incluso hoy, una enorme influencia artística y religiosa en todo el mundo y toda ella gira en torno a una imagen central, una musa terrenal, llamada Beatriz Portinari, a la que Dante amó inquebrantablemente. Hace poco me enteré de que Dante, en esa grosera ficción a la que llamamos realidad, le era indiferente a su amada Beatriz y que, incluso, el poeta sólo pudo verla dos o tres veces a lo largo de su vida.
Me declaro culpable de este y otros delitos. Un poco más inconstante que el florentino, Beatriz fue para mí un grupo reducido (pero grupo al fin) de mujeres. No tuve mucho mejor suerte que Alighieri. M… sé que a usted le ha pasado algo similar más de una vez. Quizás a alguno de mis lectores le haya pasado. No sé si el destino de Dante o si la Divina Comedia les sirven de consuelo. A mí no.
Ah, por cierto, M... no existe, es sólo que me sentía un poco solo o que quería, como Dante, meter un poco de ficción entre tanta confesión.