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miércoles, 19 de marzo de 2008

YO QUERÍA SER KUNG FU


Hace unos meses, mi costumbre inclaudicable de ir caminando a todas partes me hizo ganar el apodo de Kung Fu entre mis compañeros de trabajo. Esto me resultó muy intrigante... (¡Ah! Me olvidé de mencionarlo: cuando era chico, yo quería ser Kung Fu). ¿A qué se debe esta intriga? ¿Es esa curiosa simetría que se presentaba? No lo creo. Borges solía decir que a la realidad le agradaban las simetrías, pero yo soy un poco más escéptico que nuestro amigo Jorge; creo que, al contrario, es a nosotros a los que nos agrada encontrar simetrías en la realidad; si la realidad, si el universo, tuviera un orden (sea cuál fuera), nuestra existencia tendría un significado, un para qué. Pero, si esa simetría no era la cuestión, cuál era. ¿Por qué no podía dejar de pensar en mi viejo amigo? Vuelvo líneas arriba y creo encontrar la clave: "cuando era chico", escribí. ¿Cuánto tiempo llevaba sin pensar en cuando era chico? Posiblemente años. ¡Me cache en Dieu! ¿No será que pensar en el personaje de David Carradine es pensar, también, en los sueños de ese pibe que jugaba con una pelotita de tenis en la vereda de la vecina? Rememoremos... ¿Por qué quería ser Kung Fu? (La pregunta, por supuesto, es retórica. ¡Bien que sé la respuesta mejor que nadie!) De chico yo era muy, pero muy tímido y Kung Fu era un tipo callado y pacífico que pasaba siempre desapercibido... Pero eso sí: cuando se armaba la rosca, era capaz de "pelear como un tigre o un dragón" para proteger a las buenas personas y poner las cosas en su lugar; y entre esas cosas, por supuesto, estaba él mismo. Todos empezaban subestimándolo y, al final, el tipo demostraba ser un héroe. Y lo mejor de todo es que no había una dualidad entre el héroe y el hombre pusilánime que los demás veían, como pasaba con el Zorro y Diego de la Vega o Superman y Clark Kent. Ahí no había máscaras; el tipo se revelaba de una buena y definitiva vez ante el mundo en su verdadero valor. De ahí la necesidad argumental de que fuese un perpetuo viajero, puesto que esa revelación sólo podía darse una vez y el personaje carecía de inetrés sin ella. Entonces, ahí tenía mi respuesta: al fin de cuentas ¿cómo no iba a querer ser Kung Fu, si Kung Fu era yo? ¿Y quién no quiere ser yo (su yo personal, por supuesto y no el mío); revelarse ante el mundo como el yo que uno realmente siente ser y no el que los demás ven? ¿Quién no quiere ser Kung Fu?


¿Y Ud, querido lector, quién quería ser cuando era chico?

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