sábado, 9 de agosto de 2008

BEIJING 2008 (OTRO POST INTEMPESTIVO)


BEIJING. ENVIADO ESPECIAL: Una cultura milenaria y misteriosa, oculta siempre a los ojos de occidente, una flor prohibida abriéndose a nuestros ojos. Interminables dinastías, cosmogonías, religiones, filosofía, revolución, arte… He ahí China que se abre, por fin, al mundo y nos muestra lo que, por siglos, esperábamos ver: 15.000 gimnastas en escena en una precisa coordinación; cada hombre en su sitio, bien aprendida su parte; un ejército de terracota vivo (¿vivo?); un espectáculo imperial, fastuoso, feudal; una maquinaria perfecta, inhumana… Cada hombre en su sitio y cada sitio en su hombre, para que lo que pase no sea el hombre, sino la cosa*, para que no exista el menor peligro de que la fiesta se transforme, efectivamente, en una fiesta.

¿Por qué nos fascinará tanto la idea de suprimir nuestra identidad, de renunciar a lo imprevisto, de comportarnos como microorganismos, como hormigas? ¿Por qué (me pregunto con cierto temor) me fascinará tanto, incluso, a mí? Y todo para rendir tributo al deporte que es, precisamente, el amor a lo imprevisto, a lo individual, a lo heroico. ¿Será que queremos convertir, también, en eso al deporte? ¿Será por eso, por ejemplo, que el fútbol se parece cada vez más al metegol y que el público se preocupa tanto en ensayar la ola?

Para mí el deporte va a seguir siendo siempre esa colección de cosas imposibles: saltar más de 8 metros, correr 100 metros en menos de 10 segundos… En fin, lo que los griegos (que inventaron las Olimpíadas) llamaban hubris, una palabra con exagerada fama de intraducible, que significa: “querer cagar más alto que el culo, ser uno su propio Dios aunque a Dios no le guste, no aceptar límites ni capitulaciones, ser un hombre y no una hormiga… Tirar un caño cuando todo el mundo espera un centro, cuando el mediocre exige un centro.”
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*“¿Qué cosa?” “Maravillosa” Un chiste un poco amargo, porque la cosa es siempre un gran misterio. A veces le dicen Dios, otras Justicia, Moral y Buenas Costumbres, Orden y Progreso, Ley Natural… Tenga el nombre que tenga, uno debe sacrificarse a la cosa; sacrificar la identidad, el deseo, el alma, lo que haga falta, lo que la cosa exija.

5 comentarios:

Fede dijo...

Como notarán los helenistas, tomo de la cultura griega lo que se me antoja. Grecia existió para darme argumentos. ¿Que quién me creo que soy yo? Con Oberman, con Unamuno, respondo: "¿Qué soy yo? Para el Universo, nada, para mí: todo"

Calderondelabarca dijo...

La corbata es al deporte lo que Mauro Viale es al Periodismo.

Walter L. Doti dijo...

¡Brillante post! Curiosamente, cuando yo era chico también se llamaba Pekín.

A la pregunta que plantea, respondería que debe ser porque no esta mal ver cómo sería un mundo perfectamente ordenado aunque sea por un ratito (sólo por un ratito). La ceremonia fue - después la vi completa - maravillosa. Casi me convencí de que hay algo así como el arte. Pero la verdad es que también me asusté un poquito. Quizás porque se vea lo que no queremos ver, porque nos entere de lo que no queremos enterarnos: si nos ven desde arriba, nos parecemos mucho a las hormigas.

Pero algo pasó cuando concluía el número que simbolizaba a la invención de la imprenta: De unas cajas que subían y bajaban coordinadamente debían salir al final unos simpáticos chinitos para saludar al público y cerrar la actuación. La sincronía había sido - sin exagerar - perfecta. Pero uno, uno que a pesar de su rostro repetido, no quiso ser igual al resto, salió antes, medio segundo antes. Cuando vi ese error se me pasó el susto.

Calderondelabarca dijo...

Le recomiendo "Semblanzas Deportivas " de Fontanarrosa.
Si no lo leyó , hay una pequeña muestra de tres de esas historias gráficas en la Web.
Agreguele "Gabrielli" como palabra clave.

Fede dijo...

Dos caminos se habrían en un bosque amarillo,
Y apenado por no poder tomar los dos
Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve quieto
Mirando uno de ellos tan lejos como pude,
Hasta donde se perdía en la espesura;
Entonces tomé el otro, imparcialmente,
Y habiendo tenido quizás la elección acertada,
Pues era tupido y requería uso;
Aunque en cuanto a lo que vi allí
Hubiera elegido cualquiera de los dos.
Y ambos esa mañana yacían igualmente,
¡Oh, había guardado aquel primero para otro día!
Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,
Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.
Debo estar diciendo esto con un suspiro
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se habrían en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia.

Robert Frost