viernes, 29 de agosto de 2008

DULCE ES EL FRUTO DE LA ADVERSIDAD


“Del dolor se aprende”, afirma el refrán popular*. Es triste confirmar, otra vez, que las fórmulas de la resignación tienen siempre un sabor agridulce. Cada nuevo dolor nos hace esperar menos, de modo que uno puede aprender a desear menos y evitar un dolor innecesario. Es cuestión de economía, de sensatez. Pero ¿ser mediocres en el deseo, lo único que realmente depende de nosotros, es, entonces, la lección a aprender? Se nos podrá decir, también, que con cada nuevo golpe nos volvemos más insensibles al dolor. Eso suena un poco más prometedor, si no fuera porque dolor y placer son las dos caras de una misma moneda. Volvernos insensibles a uno, tiene por precio ser insensibles al otro. Y, quiéranlo o no, esta filosofía de la fortaleza espiritual, tiene siempre algo de despecho, de rencor. No dudo que el dolor tenga mucho que enseñar, pero dudo que sea algo que queramos aprender o aceptar. Al menos, dudo que sea algo que yo quiera aprender o aceptar.

Creo que es preferible, pese a todo, mantener la esperanza. Se trata de una esperanza (como toda esperanza) ingenua e infundada; la esperanza de que no importa cuántas veces nos toque vivir el dolor, mientras nos esté deparado el placer en algún momento. Y no tiene sentido sopesar los pro y los contra, porque entre más veces hayamos sufrido, más valor tendrá el goce, más inmenso, más inconmensurable se verá a nuestros ojos, por obra y gracia de la bendita relatividad mal entendida. Y porque, como decía el maese Shakespeare:

“Dulce es el fruto de la adversidad”**

ERGO: Sólo es posible aprender del dolor, si le tememos. Los valientes, que desdeñan el temor, desdeñan, también, las enseñanzas del dolor. Y esperan… esperan impacientes, un nuevo desafío.

______________
*“Al que madruga, Dios lo ayuda”/ “No por mucho madrugar se amanece más temprano” ¿Cómo puede creer alguien que va a encontrar sabiduría en los refranes?
**Curiosamente, el personaje que dice esto en “As you like it”, se llama Federico.

9 comentarios:

Fede dijo...

"Y al que nace barrigón, es al ñudo que lo fajen"

Idea dijo...

Permiso...siempre lo pido cuando vengo a refutar.
¿quién dice que del dolor se aprende? o mejor ¿qué diables se aprende del dolor?
Acaso, y más como fruto de la experiencia que un ensayo de refranes, el dolor nos enseñe algo del sufrimiento, tal vez, una vez que comprobamos que es francamente difícil morir por un dolor, estemos dispuestos siempre a ir por más, y no por menos como usted sugiere. Saber del dolor, conocerlo, al menos a mi, lejos de ponerme a salvo para no estar expuesta, me ha permitido siempre arriesgar un poco más, llegar más lejos y gracias a la osadía he podido disfrutar de algunos de esos momentos que la vida con suerte a veces nos depara.

Carolina dijo...

No se aprende mas! eso es querer buscarle el lado bueno a sufrir!

Y ese lado, sepalo, NO EXISTE!!!!

boteyero dijo...

se nota que ustedes nunca pisaron un pucho en la playa,ni una boteya rota.la vida sin dolor no es vida.
aguante el globo.

Eugenia dijo...

Es inevitable el sufrimiento, es parte de la vida. Si no estamos dispuestos a sufrir tampoco estamos dispuestos a ser felices plenamente.
Prefiero seguir arriesgandome y terminar sufriendo que terminar sufriendo por no haberme arriesgado.

Besos

Luc dijo...

Quiero y paso.

Coincido en que aprendemos del dolor, hasta puede tener una connotación biológica: aprendemos de él para poder evitarlo (una de tantas aristas de nuestro conato).
Pero no puedo avalar al temor, el temor es primo del odio y el odio de la destrucción y de la falta de creatividad.

Un abrazo

Calderondelabarca dijo...

Identifico adversidad , dolor con sacrificio.
Para la gran mayoría de las personas - que no son Messi ni Gates - ese privarse debe ir ineludiblemente relacionado con el fruto. Que sí entonces es dulce.
El problema, planteado en general, es cuando el sistema, o desde el gobierno, prevé el sacrificio pero no es lo suficientemente claro para determinar la forma y el tiempo en el cual vendrá la recompensa. Así el dolor es siempre amargo , la rueda se detiene en un punto y la gente ya no siembra .
Por supuesto , hay otras situaciones donde el sistema no tiene nada que ver : allí el refrán del título cae redondo ,en tanto el broche de nuestro esfuerzo dependa enteramente de nosotros.

Fede dijo...

Creo que escribí muy mal este post, porque todo el mundo entendió algo opuesto a lo que quería expresar. Desdeño en él todo posible aprendizaje por medio del dolor. Como bien señala Luc, lo único que podemos aprender del dolor es a evitarlo (a eso me refería con el sentido económico) Pero eso es aceptable en relación al dolor físico: uno puede aprender, por ejemplo, a no agarrar algo que estuvo sobre el fuego mucho tiempo porque va a quemarnos. Pero con el dolor surgido de la frustración o el desengaño no debería pasar lo mismo, porque la conclusión sería muy triste: para no sufrir, no deberíamos confiar en las personas, ni comprometernos afectivamente, etc.

Creo que a nuestro idioma le falta una palabra que sirva para expresar aquello que es absurdo a lo emocional y no a lo intelectual, a aquello que repugna a nuestro corazón (si se me permite la burda ¿sinécdoque? ¿metáfora?) y no a nuestro cerebro.

Sin embargo, creo haber encontrado en ese sentencia de Shakspeare, no algo bueno en sí en el dolor, sino algo que puede hacerlo jugar en nuestro favor una vez superado. Así como el beber se vuelve más placentero después de haber padecido sed, el placer ha de ser necesariamente más hondo si fue antecedido por dolor.

"Dulce es el fruto de la adversidad" Lo que nos cueste obtener, será de mayor agrado.

El único problema es que nada ni nadie puede garantizarnos que mañana el placer reemplace al dolor.

Héctor Alejandro Torres Popoca dijo...

Yo sí entendí a la primera. Pasar por breves momentos placenteros en la adversidad se vuelve un deleite para el alma. Excelente planteamiento.