jueves, 17 de julio de 2008

"UNA RAZÓN PARA SEGUIR VIVIENDO"



Otro Carpe Diem para melancólicos... El secreto de la vida no está en las pequeñas cosas, sino en las grandes.

3 comentarios:

Fede dijo...

"Oh, Freedonia!" Si no vieron "Sopa de ganso" y "Hannah y sus hermanas" ¿Por qué no se matan?

Carolingio dijo...

No llegue ni cerca del suicidio nunca, pero si a esa reflexión posterior de:
Por ahí todo es horrible, pero ¿y que si es así? Voy a vivir la vida aunque por momentos parezca horrible, muy corta, sin sentido y una sola, bla, bla, bla…

Pero en gral el positivismo me dura muy poco y vuelvo al otro estado (o a uno parecido) enseguida.

Walter L. Doti dijo...

¡Excelente fragmento! Me recordó inmediatamente al encuentro de Syme - el protagonista de "El hombre que fue Jueves" - con el misterioso Domingo, el jefe de la perversa organización anarquista:

"—Cuando vi por primera vez al Domingo —continuó Syme— sólo le vi la espalda; y cuando le vi la espalda, comprendí que era el hombre más malo del mundo. Su cuello, sus hombros, eran brutales como los de un dios simiesco. Su cabeza tenía cierta inclinación, propia, más que de hombre, de buey. Y al instante se me ocurrió que aquello no era un hombre, sino una bestia vestida de hombre.

—De prisa —dijo el Dr. Bull.

—Y aquí viene lo más curioso —continuó Syme—. Yo había visto su espalda desde la calle, estando él sentado en el balcón. Entré al hotel, y cogiendo al Presidente por el otro lado, le vi la cara a plena luz. Su cara me asustó como asusta a todos. Pero no por brutal, no por perversa. Me asustó, al contrario, por su hermosura, por su bondad.

—Pero Syme, ¿se ha vuelto usted loco? —exclamó el Secretario.

—Era como la cara de un antiguo arcángel que distribuyera la justicia después de un heroico combate. En sus ojos había risa; en su boca, honor y tristeza. Eran los mismos cabellos blancos, el mismo torso robusto que acababa yo de ver desde la calle enfundado en el traje gris. Pero si por detrás me pareció un animal, por delante me pareció un dios.

—Pan —dijo el Profesor reflexivo— era un dios y era un animal.

—Desde entonces —continuó Syme como monologando— ése es también el misterio del mundo. Al ver las horribles espaldas me parece que la noble cara es una máscara. Al ver, aunque sea un instante, la cara, la espalda me parece una simple burla. El mal es tan malo, que, junto a él, el bien parece un mero accidente; el bien es tan bueno, que, junto a él, hasta el mal resulta explicable."

Domingo, nos enteramos al final de la novela, era Dios.