jueves, 11 de junio de 2009

DEFENDER LA ALEGRÍA


Anda dando vueltas por ahí, no sé muy bien desde cuándo, la curiosa tesis de que toda persona inteligente llega necesariamente a la certidumbre de que el mundo es una porquería. Tras esta revelación, la alegría se vuelve poco menos que denigrante para un verdadero intelectual, mientras que, convenientemente, se entiende a un verdadero intelectual como sinónimo de verdadero hombre. Esto es un vicio, y un vicio espantoso. Pero ni este vicio, contrario al deseo de existencia y de felicidad, es tan terrible como el despropósito de elevar la tristeza a la categoría de virtud.

Grandes pensadores, por siglos, nos han hecho saber que un hombre que asume la existencia con valentía y grandeza no puede ser más que un melancólico y un gazmoño tragalibros. El resultado de este desatino, es el esfuerzo sistemático de innumerables hombres por ser desgraciados, como forma de hacer visible al mundo su grandeza de espíritu y de intelecto. ¡Pobres hombres que reniegan de los placeres mundanos olvidando (al parecer) que mundano significa "del mundo"! ¡Pobres lo que no bailan, los que no ríen, los que no sueñan, por temor a no merecer el aplauso de los notables, de los paladines del pauperismo, de aquellos que afirman que todo lo que suceda en el mundo será, por fuerza, malo!

Si hasta me parece verlos: ¿Que llueve? "¡Espantoso," dicen, convenientemente tristes: "es un mundo horrible en el que se nos priva hasta del sol, como muestra del profundo horror del cosmos" ¿Que hay sol? "Todavía peor, porque en los países serios hace frío y la idiotez de nuestro pueblo se debe a que hay siempre sol y, entonces, las personas se vuelven felices, en fin: incapaces de ver el profundo horror del cosmos" Hasta hay, incluso, quienes, no pudiendo acceder a la verdadera tristeza, se han visto en la obligación de actuarla, de fabricarse una máscara melancólica.

Pero ¿dónde está escrito que el mundo debe ser malo o bueno? ¿Qué es eso de ponerle puntaje al mundo como si se tratara de un saltador olímpico? ¿Es el mundo malo o bueno en relación a qué? ¿A otro mundo? ¿A un mundo posible, imaginable? ¿Qué es eso de un mundo imaginable? Los mundos posibles no existen más que como ideas, los únicos que existen son los mundos reales, el mundo real. Y esa es, aunque parezca paradójico, la gran ventaja del mundo real sobre los mundos posibles: existe; es posible amar, temer y odiar en él y, además, por el hecho mismo de existir, está sujeto a mudanza, por lo que es perfectible, mientras que los mundos posibles son estáticos, fríos, muertos. ¿Que en este mundo real también se muere? ¿Y no era, acaso, la muerte la liberación de este espantoso mundo? ¿Hasta a la muerte se la cambia de bando para defender el fruto de la diosa Razón? Si la muerte existe, habrá que oponerse a ella, como se opone uno a la injusticia y a la estupidez. Porque tampoco se ha escrito en ningana parte que una causa, para ser justa, deba ser plausible, ni existe quien pueda afirmar qué batallas se ganan y cuáles se pierden.

Y además, ¿qué pasaría si aceptáramos que el mundo es una porquería? ¿Existe algún mérito intelectual en reconocer tal verdad? ¿No alcanza con hablar con cualquier persona, por inculta y estúpida que sea para encontrar esta opinión? Creo no estar equivocado al afirmar que ninguna opinión es tan vulgar y generalizada en el mundo como el pesimismo. ¿Y qué valentía hay en el reconocimiento de una verdad, si es que de una verdad se trata? La verdadera valentía, en todo caso, consistiría en ser felices aunque el mundo entero conspire contra eso. No sólo por nosotros, sino por las personas que amamos, porque tanto la risa como el llanto son contagiosos.

Que sabemos mucho; nadie lo niega. Pero si sirve para esto, para que nuestra razón y nuestro apetito de conocimiento y de verdad se transformen en un continuo devaneo con la muerte, ¿quién puede afirmar, entonces, que un pibe que elige jugar con el mundo, no sabe más del mundo que nosotros? ¿Y qué argumento pretendemos, qué argumento necesitamos para convencernos de que hay más grandeza en contagiar alegría, en que se requiere mucho más valor e ingenio para ser un humorista o un payaso que para ser un revelador de espantos? ¿Qué argumento necesitamos para defender la alegría?

8 comentarios:

Fede dijo...

Y cuando estoy alegre es porque se me canta.

Luzdeana dijo...

DEFENSA DE LA ALEGRÍA

a trini



Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.
M. BENEDETTI

Walter L. Doti dijo...

Yo creí en esas giladas durante mucho, mucho tiempo. Menos mal que me curé a tiempo.

Muy buen texto: claro, limpio, contundente.

Walter L. Doti dijo...

Una cosa más (para la polémica): En un momento, en 1994, un compañero de trabajo me dijo que no podía entender cómo era posible que hubiera gente que no gustara de Dolina. Yo coincidí. Hoy, como me pasó muchas veces con otros temas, no puedo comprender cómo es posible ser seguidor del ángel gris.
Dolina es soberbio, pretencioso, aburrido y se revuelca con gozo en el barro del nihilismo.
Él ha sido y sigue siendo la puerta de entrada al mundillo de los libros para miles de jóvenes. Peor favor no podría haberles hecho: el ingreso a una perspectiva vital contemplativa, triste, decadentista, nostalgiosa, lenta. Preferiría un modelo más vital, más entusiasta, más orientado hacia el futuro. Un modelo de vida.
Los organismos censores deberían tener un criterio más lúcido; y en vez de prohibir las exhibiciones impúdicas - cuyo único peligro reside en la posibilidad de que los telespectadores infantiles terminen siendo heterosexuales - deberían restringir la aparición de estos personajes productores de individuos oscuros, amargados e inútiles (como yo).

Fede dijo...

Walter:

Como artista, Dolina debería ser juzgado estéticamente y, como él mismo afirma, tiene derecho a serlo por "sus mejores versos". Y sus libros y su programa de radio son buenos. Su obra artística deja ver cierta melancolía que, estéticamente, le favorece. ¡Bien por él en emplear ese registro, entonces!

En cuanto pensador u hombre de cultura (incluso en cuanto humorista), no creo que participe del pauperismo. Su apología del fracaso, por ejemplo, busca salvar al hombre meritorio que no encuentra el éxito, no a todos los hombres. Y lo he visto muchas veces hacer un llamamiento a ir a hablarle a la mina y no quedarse lloriqueando en un rincón.

Le prometo que algún día voy a escribir sobre un asunto cercano a este: sobre cómo confundimos muchas veces la emoción estética con la emotiva en el arte y la belleza con la verdad. Se llama romanticismo y yo le tengo un poco de ojeriza.

prometo, también, exponer por qué prefiero los artistas que buscan despojar su obra de todo lo que pueda apartarnos de la apreciación estética. Se llaman clásicos y cada día me caen mejor.

Luzdeana dijo...

Ahora sí que estaré esperando por ese escrito que promete sobre la emotiva en el arte. Entonces "Beauty is NOT truth, truth is NOT beauty", en su visión?
Yo sigo disfrutando de Dolina, y a mí me provoca alegría.
Le hago una consulta desde mi lugar de aprendiz, y no se enoje y me conteste que usted no viene a dar clases (como Ud. es contrera, vio):
¿Qe sería según Ud. lo que nos aparta de la apreciación estética en una obra?
Gracias por leer, y muchas más si me puede responder.

Fede dijo...

Luz:

Hoy le contesto rápido y cuando me decida a escribir el post prometido, espero responderle bien:

"Un libro no es, en modo alguno, moral o inmoral. Los libros están bien o mal escritos. Eso es todo."

En fin:

Beauty is not NECESSARILY truth; truth is not NECESSARILY beauty.

Y:

Existen los elejidos para los que la belleza, significa sólo belleza"


PD: Si la respuesta le resultó decepcionante, espere a leer el post.

Fede dijo...

Olvidé mencionar que las dos citas en negrita son de Wilde. Seguro que usted ya lo sabía, pero no soy enemigo de ciertas costumbres.