sábado, 24 de enero de 2009

TRES EJERCICIOS LITERARIOS PARA EL LECTOR INQUIETO


En algún lado leí que Oscar Wilde regalaba a otros escritores argumentos que consideraba inadecuados para su pluma. No creo que los siguientes ejercicios sean inadecuados para mí, pero, por alguna razón, nunca pude llevarlos a la práctica. Sien embargo, siento mucha curiosidad por verlos vivitos y coleando, por lo que, si alguien quisiera tomarse el trabajo, recibiría muy contento todo intento a http://federiola@gmail.com/ Ojo; el chiste es que los ejercicios no deben presuponer las exposiciones que se dan a continuación, deben ser piezas acabadas, autónomas.


Personaje 1:


Arístides Marcial Erico es un demorado existencial. Se abstrae del mundo a tal punto que las consecuencias de sus actos resultan anteriores a sus actos mismos, de modo que se invierte la relación causal. Por ejemplo, puede verse caer un vaso antes de que Arístides mueva el brazo que, accidentalmente, lo empuja. Un buen final (opcional) sería que Arístides acabara por llegar tarde a su propia muerte.


Personaje 2:


Dalmacio López debe imaginarse para ser percibido y aparece a los otros como una representación puramente visual. No está constituido por materia, de modo que no está sometido a la gravedad o la inercia ni a ninguna otra relación causal. Tampoco proyecta sombra. Se diferencia de un fantasma en que es mortal y conciente de su mortalidad y necesita de un ejercicio mental arduo y constante para manifestarse de modo cabal. Su psicología es, también, curiosa, porque algunas sensaciones son necesariamente físicas y le son ajenas. Puede sentir amor, pero no deseo carnal; tristeza y melancolía, pero no angustia. Un aspecto curioso (poético) de su personalidad es que, al soñar, liberado de las trabas de su conciencia, se transforma en aquello en lo que sueña.


Argumento*:


Un hombre apresado y torturado por Torquemada, el Inquisidor General, logra escapar de su calabozo. Nota con extrañeza que, a pesar de verlo claramente, ninguno de sus captores o guardias intenta detenerlo, como si fuesen incapaces de reconocerlo. Por un instante, ya a punto de escapar, teme que sea todo una gran farsa y que esa falsa esperanza final sea la última y más cruel tortura. Sin embargo, logra salir por la puerta principal y huye a su casa. Ahí se encuentra, sorpresivamente, con Torquemada. Asustado, desesperado, da un salto hacia atrás y grita. Entonces, descubre que lo que acaba de ver es su propia imagen en él espejo. Él es ¿ahora? Torquemada.
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*Esta es una variante argumental sobre un cuento de Villiers de L´Isle Adam, que quizás el lector conozca. Mientras leía ese cuento supuse que iba a terminar así, pero no. ¿Esa es una forma de plagio?

3 comentarios:

Fede dijo...

¡Qué difícil ilustrar un esqueleto sin carne! Puse "La Inquisición española" de Goya. ¿Vale?

Walter L. Doti dijo...

Che, hay un tal Itálico Calvino, o algo así, que se haría un festín con estos argumentos. Pero es arduo contactarlo. Parece que no tiene señal en el celular.

Yo haré un intento con el último argumento, por supuesto, si después tengo el honor de ser publicado en este blog.

¡Mirá que si no me publicás lo escribo lo mismo, eh!

Calderondelabarca dijo...

Estoy hace tres días esperando que me diga que le pareció mi ejercicio sobre Erico , para poder envíarselo de una vez.