lunes, 8 de septiembre de 2008

EN TORNO A DOS CITAS


Vueltas y vueltas da en mi cabeza, en esta tarde un poco tediosa y mustia, esa cita un tanto cruel de André Gide: “Con buenos sentimientos se escribe pésima literatura.” ¿Suena cierta sólo porque es irónica, sólo porque es cruel? Realmente no lo creo. Un poco harto de los artistas políticamente correctos de técnica mediocre, de improvisados estéticos “profundamente humanos”, me pregunto ¿por qué razón confundimos con tanta facilidad la emoción estética con la sentimental o moral? Es decir: ¿Por qué creemos que la sinceridad y la honestidad son valores estéticos? ¿Por qué nos resulta tan difícil diferenciar una cosa de otra? A nadie se le ocurriría pensar que la obra de Heráclito tiene un mayor grado de verdad por estar escrita en verso. ¿Por qué, en cambio, pensamos que un poema es mejor, en tanto objeto estético, porque exprese mejor una supuesta Verdad Moral?

Tiendo a creer, incluso, que la emoción paraliza al creador. Los peores versos se escriben bajo el influjo de grandes pasiones. Que estas pasiones sean indispensables para la creación posterior, es algo que no me atrevo a negar, pero se escribe mucho mejor una vez superadas. Pienso ahora, también, en el apasionado Verlaine y en dos de sus más famosos versos:

A nos qui ciselons les mots comme des coupes
Et qui faisons de vers émus très froidment*

Fríamente conmovidos… Con un pie en la experiencia del dolor y otro en la genialidad estética, en el dominio de su (de nuestro) arte: así se escribe. Lo que hace al poeta no es la experiencia del dolor, ni su candidez humana, ni su sinceridad, sino de qué modo se vale de ellas, cómo las vuelve material de su creación, a través de su dominio sobre el material de su creación (el lenguaje) y sobre los mecanismos creativos propios de su género.

Y, al fin de cuentas, un hombre verdaderamente apasionado (y todo artista debería ser de este tipo de hombres) no va al velorio de su madre a escribir versos, sino a llorar; como Dios manda o, mejor dicho; como la ausencia de Dios manda. Después, si encuentra la manera digna de honrar ese dolor (y sólo si la encuentra), lo hace. Entonces, sólo entonces, ese dolor puede acceder a la categoría de lo artístico.
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*A nosotros, que cincelamos las palabras como copas/ Y hacemos los versos muy fríamente emocionados

7 comentarios:

Fede dijo...

Existen demasidas afirmaciones en este post, eso es bien cierto. Quizás algunas sean excesivas, pero expresan una preocupación real: para el juicio de mis contemporáneos (¿debería decir, para el hombre postmoderno?) escribir bien, dominar el lenguaje, parece tener cada vez menos que ver con la literatura.

Idea dijo...

¿Dónde hay que firmar? Mire, no sé si sean excesivas, yo más bien creo que son dolorosamente ciertas. Es preciso haber vivido, creo yo, para hacer literatura, pero vivir o pretender hacer literatura sólo por estar sufriendo es una soberbia imperdonable de la que presumo padecemos unos cuantos. Tal vez sólo quede agradecerle por haberlo recordado, después, acaso sólo quede llamarse a silencio.

Luc dijo...

Creo que Ud. está marcando junto con Gide y Verlaine muy adecuadamente la distancia del artista para con el fenómeno. Creo que esa distancia del poeta es la que lo emparenta con el filósofo. No por nada los primeros amantes de la sabiduría fueron poetas.

Un abrazo

Ljn.- dijo...

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me pareció interesante lo que planteas.
Y me animaría a coincidir con tus
afirmaciones... Lástima que a la
media d la gente cada vez le preocupe
menos el modo de empleo de las palabras, el arte, y vayan todos 100%
al contenido.
Y aca cito a mi amadísimo Wilde
"all art is quite useless"
dejemos de buscarle el mensaje, y
disfrutemos de la forma de una vez.
saludos!



.

Walter L. Doti dijo...

"... a llorar; como Dios manda o, mejor dicho; como la ausencia de Dios manda." --> ¡Bravíssimo! :)


Envíele una copia de este post a los que eligen el Nobel.

Eugenia dijo...

Coincido plenamente, no necesito decirle por qué, y extiendo sus dichos a todas las facetas artísticas, como lo hemos conversado en repetidas ocasiones.

Besos.

Calderondelabarca dijo...

Qué técnicos se han puesto todos ! Pero bueno , es lo de cada uno.
Intuyo que la problemática que Ud. describe podría ser un fenómeno pasajero : aún respetando las reglas de la técnica , tantas obras , una sobre otra , colmando Bibliotecas ,pueden producir la sensación de una acumulación en la cual ya se haya visto todo.
Cada tanto se necesita un Palermo de la literatura, que remueva algunas telarañas.