lunes, 18 de mayo de 2009

¿DE QUÉ TE REÍS?




A D..., un pibe amigo
que entendió un chiste que
yo a su edad no hubiera entendido


Una vieja se tropieza en la calle y se cae. Un hombre pasea distraído y una paloma deja caer sobre él el fruto de sus entrañas y no se trata precisamente de un güevo. Un delantero de primera división patea a centímetros de la línea de meta y la pelota, trazando una parábola inverosímil, sale proyectada por encima del parante superior del arco. El tío Tito dijo "culo". Un empleado se sube el pantalón hasta las axilas y remeda, torpemente, la voz del dueño, convenientemente ausente de la escena...

Son muchas las estupideces que nos hacen reír. Negarlo es absurdo y acaba por crearnos una merecida fama de culturosos o pedantes. El humor siempre encierra una mínima cuota de crueldad, de zoncera, en fin; de mal gusto. Perdonar e, incluso, alentar la aerofagia controlada de un cuñado puede ser entendible en un mundo que da muy poco lugar al placer. Pero esa tentación de medianía encierra un gran peligro: toda vez que se estimulan los mecanismos más elementales de nuestro espíritu, se corre el peligro de paralizar o insensibilizar los más sutiles. Así como la mujer que se acostumbra a ser tratada como una basura tiende a enamorarse de bravucones, el espectador que es acostumbrado a oír chistes verdes y bloopers pierde la capacidad o entrenamiento para gozar de juegos más complejos. Lo complejo y lo sutil encierran una mayor riqueza y acarician, estimulan, aspectos más elevados. Todo arte (el humor incluído) supone este tipo de caricias un poco más sutiles que, directa o indirectamente, nos transforman en mejores personas.

Yo no sé ustedes, pero a mí me gustaría vivir en un mundo donde más personas puedan reírse de Groucho y en donde más personas (al menos de vez en cuando) cambien de canal cuando venga el show de los chistes, aún sabiendo que se reirían. En fin: me gustaría vivir en un mundo donde no todos acepten caricias groseras por temor a no encontrar o no merecer caricias más nobles.

13 comentarios:

Fede dijo...

Los buenos humoristas SIEMPRE odiarán a los malos humoristas.

Darth Tater dijo...

Y los malos humoristas siempre se odiarán a sí mismos.
Yo por eso prefiero a Monty Python sobre El Chavo del Ocho.

Nicolás Hochman dijo...

Un genio, un genio, un genio. Igual, no estoy de acuerdo con eso de que el mundo da poco espacio para el placer. Yo creo que ese espacio es mucho y muy amplio (no sé cómo se mide, en realidad), pero que a nosotros nos cuesta mucho enfrentarlo.

Onirica dijo...

AMO a Groucho. Y desearia llegar a esa edad con la elocuencia que tenia.
Aunque lo dudo, porque a mis 22, no la tengo.

Idea dijo...

Estimado, una de la reflexiones más interesantes que he leído en estos tiempos plagados de "baratijas" y "facilismos" en las pantallas que permanecen encendidas por la fuerza de la costumbre. Un argumento irrebatible del porqué deberíamos producir contenidos diferentes para "sensibilizar nuestros espíritus" atrofiados.

Walter L. Doti dijo...

No coincido en absoluto; yo quisiera vivir en un mundo, no donde más gente se riera de Groucho, sino donde más gente se riera espontáneamente de aquello que le causa gracia; aunque no sea algo "inteligente", ni "profundo", ni "elaborado".

Un mundo sin imposturas, un mundo librado de la impronta racionalizante que hace perder el contacto directo con la vida simple, elemental, sensual diría. De ningún modo el espectador que se someta reiteradas veces al humor chabacano y zonzo perderá el entrenamiento para gozar de las producciones más elaboradas. El humor funciona o no; simplemente eso: y hasta podríamos decir que si lo hace en vuelo de cabotaje y directo es más loable que si llega a destino después de diez escalas a un aeropuerto internacional: el cuento del loro será contado muchas más veces que las complejas elaboraciones de Les Luthiers y esta fecunda replicación lo hará sobrevivir por mucho más tiempo. Será evolutivamente más apto y por tanto mejor.

Ayer veía - y comentaba - con mucha vergüenza ajena algunos videos de J. P. Feinmann en youtube.com. Al escucharlo me horrorizo pensando que su discurso desfasado, anclado en épocas ya remotas, por momentos intolerante e incapaz de asumir los cambios con la flexibilidad que exige la diversidad y la prodigalidad ilimitada del mundo, fuera difundido y escuchado como una postura legitimada como interesante por un montón de personas en formación. Él bregaba por asumir una postura crítica, de queja constante, de reclamo al mundo, de recuperación de viejos valores perdidos y yo la verdad que prefiero una mirada más creativa, más amplia, más comprensiva y flexible respecto a nuevos valores en juego; menos escandalizada, más vital.

Este post y su modo de comprender el humor tiene - me parece- mucho de "queja en vereda de viejo en silla con respaldo hacia adelante". No me gusta, no me inspira, no la creo: pura impostura algo pedante.

Espero su respuesta.

vfedor dijo...

el humor, requiere inteligencia,
el humor inteligente snobismo,
rescato la pavada, una boludez, tanto como la crueldad, o un fallido.
Me horrorizan las risas de los reidores, se parecen a las burbujas que vuelven a la superficie luego de cada hundimiento

Fede dijo...

Walter:

Lo remito a un post que puede aclarar mi posición sobre este tema y que al parecer no leyó.

Yo me río de todo lo que me causa risa, pero, pudiendo elegir, elijo lo más creativo que encuentre a mano. Siento que esa elección (en la que no pierdo nada, porque me río igual) va a terminar por hacerme mejor persona. Me río cuando alguien dice "culo" en un momento solemne, pero temo y evito transformarme en una persona que sólo se ríe de eso.

No sé si a usted le pasará, pero en mi caso, cuando río de una ramplonería* siento que mi risa es distinta, casi brutal. Cuando río de una ironía, además de un enrome placer, siento que mi risa es distinta. Y aunque sea una chicana, le apuesto a que cuando una mina le gustaba se sentía más inclinado a la ironía que a la guarangada (al menos, mientras sentía que tenía una mínima posibilidad de levantársela)

Alguien definió alguna vez al humor como alimento del alma. Lo que yo propongo es construir una pirámide nutricional. Las papas fritas son muy ricas, pero el que vive sólo a papas tarde o temprano se enferma crece atrofiado. Y lo mejor de todo es que no hay verduras del humor.

Y quiero dejar en claro algo: si más de una vez aclaré que despreciaba el arte políticamente correcto, imagínese lo que pienso del humor políticamente correcto.

Del mismo modo en que no me siento obligado a leer libros que no me interesan para dármelas de culto, nunca me río de un mal chiste para dármelas de progresista.

Por último, el humor creativo, la sutil ironía y el retruécano, son más valiosos por la misma razón por la que el oro es más valioso que el plomo: escasea.



PD: No sé qué quiere decir "profundo" en el contexto en el que lo emplea. Yo sólo lo aplico a cuestiones de índole sexual. ¿Tiene, acaso, algún sentido figurado entre los pedantes?

*Züken die

Epílogo

Walter L. Doti dijo...

El humor no tiene sistema digestivo. ¡Nunca se va a empachar de Corona!

¡Cómo me gusta que el blog se vuelva a poner interesante!

Walter L. Doti dijo...

Vfedor: ¡A-ja-ja-Jua-juaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

Fede dijo...

vfedor:

Lo que a mí me sorprende de los reidores es que son los mismos tres tipos... ¡En todos los canales! ¡Y desde 1984!

Fede dijo...

Onírica:

le aseguro que hoy por hoy, lo supera fácilmente en todos los aspectos.

PD: ¿Dónde andaba?

Robert Frost dijo...

Dos caminos se habrían en un bosque amarillo,
Y apenado por no poder tomar los dos
Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve quieto
Mirando uno de ellos tan lejos como pude,
Hasta donde se perdía en la espesura;
Entonces tomé el otro, imparcialmente,
Y habiendo tenido quizás la elección acertada,
Pues era tupido y requería uso;
Aunque en cuanto a lo que vi allí
Hubiera elegido cualquiera de los dos.
Y ambos esa mañana yacían igualmente,
¡Oh, había guardado aquel primero para otro día!
Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,
Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.
Debo estar diciendo esto con un suspiro
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se habrían en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia.