sábado, 14 de julio de 2012

LAS CUITAS DEL (NO TAN) JOVEN EZEQUIEL



“¿Por qué no escribir una novela?” Se dijo Ezequiel. “Lo único que hace falta es inteligencia y paciencia. Yo tengo lo primero y mucho tiempo, demasiado, lo que es un gran sustituto de la paciencia. Pero ¿sobre qué? No, ese es el error; después de Joyce y Proust, la pregunta ya no es ‘¿sobre qué?’, sino ‘¿cómo?’. En primer lugar, el hombre moderno ya no tolera al novelista demiurgo, a esa voz única y todopoderosa que nos guía, dándonos todo lo que necesitamos saber para que su vasto plan funcione. No, eso no... si algo tiene que evitar la novela moderna es eso, el novelista padre, el novelista Dios, el que nunca nos miente, el que nunca nos oculta nada, si no es por nuestro bien, si no es para que su universo tenga una finalidad. El novelista debe estar perdido al igual que el lector y, parafraseando a Wilde, quien quiera dar una salida al laberinto, que lo haga bajo su propio riesgo. El novelista debe ser, también, un ser contingente, alguien que busca también su sentido, su razón primera y que, para que esta nueva novela funcione, debería negarse a convertirse en un filósofo, debería saber detenerse a tiempo. No se trata solamente de un lector activo, sino también de un lector existencialmente adulto, de uno que asuma valientemente la inutilidad del arte, el caos de la novela que lee. Que asuma a la novela como un barco a la deriva, en medio de una tormenta incontenible, sin esperar que esta amaine, sin esperar salvación alguna, porque eso es el mundo. 
“Durante siglos hemos buscado en el arte el consuelo a ese sinsentido. Luego, la vanguardia, jugó con la idea de expresarlo, pero lo hizo con cobardía, jugando a que todo era una simple broma, porque no se asumía como arte, sino como un no-arte. El nuevo novelista debe asumirse como artista y como hombre, pero nunca como un mesías; nunca como el guía que conoce las respuestas y que nos tranquiliza, asegurándonos que todo va a salir bien. Al contrario, debería ser capaz de convencernos, desde la primera página, de que nada va a salir bien. Debe detenerse a cada instante a preguntarle a sus personajes, a la literatura misma (al propio lector, de ser posible), hacia dónde ir, cuál es el precio de haber llegado a donde llegamos. 
“Imagino una novela imposible, sin personajes, sin argumento, tan sólo un autor; un autor preguntándose cómo se escribe una novela; no respondiéndolo, como Unamuno, sino preguntándoselo, preguntándoselo desesperadamente. 
“Así tendría que escribir. 
“¿Habré empezado ya?”

5 comentarios:

Fede dijo...

"Naturalmente, esto no es una novela sino la purga de mi corazón"

CJC Oficio de tinieblas 5

Ivonne dijo...

Es el comienzo...y con la misma incertidumbre, me encantaría acompañarlo en el recorrido. Beso enorme.

Lukas Rybensen dijo...

Sí, y muy bien ;)

Lukas Rybensen dijo...

¿Sabe de qué me apercibí ayer por la noche? El nombre de su blog, si le buscamos la quinta pata, podría significar "Cheque esperás". Lo cual freudianamente me lleva a pensar que o bien Ud. espera algún rédito económico por su escritura, o bien, Ud. se burla online de sus acreedores jejeje. Un gran abrazo y siga escribiendo sin importar la finalidad :)

Diana H. dijo...

Cuántas preguntas, supongo que es lo habitual en un filósofo, pero empezar a arriesgar algunas respuestas no estaría mal.
Equivocarse puede llegar a hacer el camino mucho más interesante. Y además deja unas anécdotas para contar después, que para qué le cuento.
Happy birthday (... ya habrá llegado??)

http://www.youtube.com/watch?v=n-tvt0Zgcyc&feature=related