lunes, 31 de agosto de 2009

INFIERNO




¿Cuántas veces intenté leer la Comedia de Dante para descubrir con asombro que algo misterioso me detiene cada vez que termino la primera parte? Mi lectura hasta ahí es apasionada y siento que podría devorar el libro sin descanso. Pero, entonces, llegan el Purgatorio y la promesa de ascender al Cielo después; y la magia se debilita. Entonces comienzo a hojear con descuido frases aisladas y, finalmente, abandono la lectura.

Me pregunto a qué se debe esa extraña imposibilidad. ¿Será (me pregunto con tristeza) que los hombres modernos no podemos creer en el Cielo más que como alegoría y en el Purgatorio como en una torpeza burocrática o leguleya, mientras que el Infierno se nos presenta como algo absolutamente real?

Visitar el Infierno, para Dante, es el precio para llegar al Cielo, donde lo espera Beatrice Portinari. Hombres muy doctos han afirmado que Beatrice simboliza para Dante la Fe. Pero qué simboliza para mí, para nosotros que, ya rara vez buscamos la Fe. Es como si nos hubiéramos resignado con el tiempo a aceptar que es preciso pagar un precio altísimo por ese algo inefable, y que, al mismo tiempo, lo consideráramos inalcanzable.

* * *

¿Será casualidad que piense hoy en esto, hoy que me siento, para decirlo en buen toscano:


martes, 25 de agosto de 2009

LA GIOCONDA Y EL GARABATO




Cierto día la Gioconda
habló con un garabato
y le dijo muy oronda:
"Yo soy un mejor retrato"

Ciertas risas escaparon
de algunos groseros labios.
Unos pocos se callaron,
porque en el mundo aún hay sabios.

El garabato, ofendido,
arregló sus diez rayones
y elevó, en tono atrevido,
su voz de cuatro crayones:

"Doña ilustre Mona Lisa:
yo no tendré su abolengo,
ni su famosa sonrisa,
pero algún tesoro tengo...

"Sin embargo no me ufano
de mi virtud, que no es mía,
si no de la sabia mano
que me creara aquel día.

"Es más alto siempre el verso
cuanto más grande es el bardo:
no me enrostres el esfuerzo
que se ha tomado Leonardo.

"Soy un capricho muy feo
inspirado por el tedio.
¿Mi lugar no es el museo?
¡Lo admito, pues... qué remedio!

"La fama -que no es muy cuerda-
tal vez nunca sea mi suerte,
pero un hombre me recuerda
hoy en su lecho de muerte...

Siendo muy monda y lironda,
tan linda y afortunada,
de modales, la Gioconda,
demostró no saber nada.


MORALEJA

Somos aquello que hicieron
con eso poco que fuimos
y seremos lo que hicimos
con aquello que nos dieron.

No hagas gala, como aquella,
del blasón que no te toca
y aprende de esta querella
a no abrir tanto la boca.


 .

SIETE EJERCICIOS




Arena

....El puño se cierra inútilmente. La arena, leve como el tiempo, se escapa de su mano. El chico sabe que es inevitable, pero sonríe al comprobarlo. No sabe, todavía, que ese gesto ingenuo es un símbolo terrible.


La rosa

....Terminada la guerra, cruzó desiertos y mares incontables para volver a su patria, virgen en su memoria. El viaje agotó sus años: su piel se arrugó, su cuerpo perdió todo vigor, y quedó casi ciego. Al llegar a su casa, encuentra las paredes devastadas y sus enseres comidos por la herrumbre. Todo lo que había amado alguna vez ha muerto. Lentamente, camina hacia su jardín por el sendero de piedra de su infancia, invadido por la maleza. Al fin se detiene; se inclina hacia la última rosa, que arde como el fuego junto al aljibe, y la huele con devoción. El viento, indiferente, lo escucha murmurar: "Valió la pena". 


Prenda de amor

....––¿Darías tu vida por mí? ––Preguntó ella.
....––Ya lo hice ––dijo el fantasma y, llorando por su ingratitud, se esfumó para siempre.


Treinta monedas

....¡Sois unos ignorantes, todos vosotros! ¿No oísteis hablar nunca de un tal Sócrates, que burlándose de un tribunal puso a su vida el ridículo precio de treinta monedas, el precio de una entrada al teatro? Por eso yo, siglos después, pedí también treinta monedas al judío... ¡El precio de una mula! ¡Porque todo era una farsa! Por eso Jesús me sonrió esa última tarde, por eso mismo no rehusó mi beso... 


Jaque Mate

....Negras: Alfil a torre seis....
....Blancas: A horse! A horse! My Kingdom for a horse!


Josephine de Beauharnais

....––Desvísteme despacio, Napoleón, que no estoy apurada.


El día de Brahman

....La imagen pertenece a los antiguos vedas: un pájaro, cada cien años, roza con su ala la cima de una montaña. Cuando el pájaro (o las muchas generaciones de pájaros) aniquilen esa montaña, se habrá agotado un sólo día del dios Brahman. No me asombra ese abismo, que ya conozco; persiste, todavía, el lento día en el que intento olvidarte...
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viernes, 21 de agosto de 2009

BIOGRAFÍA POR ENCARGO




En un concurso literario me piden que, además de mis datos personales, adjunte un curriculum vitae. Realmente, creo que eso es un gesto de crueldad: si hubiese tenido una vida, no me hubiera puesto a escribir. Y mucho menos si esa vida "corriese" a alguna parte. El arte es un gesto de insatisfacción y, al menos en mi caso, dista mucho de ser un gesto vital. A mi entender, nadie con el coraje suficiente para vivir en este mundo se toma el trabajo de crear otros. En fin:


Federico Liste. 1975-2042 (fecha estimada)

Nací en Buenos Aires el 16 de julio de 1975. Unos meses antes estuve preso. Al año de edad recurrí, sin saberlo, a un exilio doméstico que me llevó a Mar del Plata, ciudad que odié por muchos años y que hoy ni fu ni fa. La razón de este exilio puede resumirse en una cifra: 1976. Hice mis estudios primarios en un colegio muy hermoso llamado "México", mis estudios secundarios en un colegio horrible sin nombre y, finalmente, perdí todo deseo de estudio en la Universidad Nacional de Mar del Plata. En todos esos ámbitos fui un alumno mediocre de excelente comportamiento. (Todavía no sé cuál de esas dos cosas me avergüenza más). No contraje matrimonio ni ningún otro tipo de enfermedad venérea, ni siquiera hijos. Una vez encontré mucho dinero tirado en la calle y mis padres me obligaron a comprar un sobretodo impermeable que, por supuesto, odiaba y evitaba usar.


Imagen: si ponen "federico liste" en google aparece este gil, que se ve mejor que yo.

lunes, 17 de agosto de 2009

ORDALÍA




Las cábalas de los futbolistas, la incapacidad de abstracción de los alumnos universitarios, el potenciamiento toxicológico de la sandía por medio del vino, la irrevocable convicción femenina en la astrología, la cámara de lores británica, el concepto de virginidad judeo-cristiano, el habitual consumo de antibióticos para curar el resfrío, el singular espiritualismo de los ateos, la moral de martirio de los militantes políticos, la fe ciega en las musas de los compositores de jingles, los pruritos de la asociación de madres en torno a la educación sexual, la cruz de tinta que quita la culebrilla, el desprecio del dinero de los pequeñoburgueses, la idealización de la locura de los cineastas de culto, la concepción animista de la naturaleza que esgrimen los ecologistas, la demostración del carácter esferoide del mundo por medio de un huevo parado sobre una mesa, el afán pseudo esotérico del teatro contemporáneo, la dicotomía entre cuerpo y alma enunciada por los poetuchos, el maniqueísmo moral de los periodistas, la castración química...

¡A la final, tanto preocuparse por salir de la modernidad, y resulta que la mayoría de la gente todavía no entró! ¡Cosa e' mandinga!

domingo, 16 de agosto de 2009

UN CUENTO DE HADAS


Había una vez un zapatero llamado Juan Gublín. Unos creen en las hadas y otros en los duendes, Juan Gublín creía en la Cenicienta. Creía que había una mujer (una sola) que en algún lugar lo esperaba envuelta en un hermoso vestido rosa, coronada de flores y guirnaldas. "Tengo que encontrar a esa mujer", se decía Juan, "¿Pero cómo?" Y esa obsesión llegó a ser tan fuerte, que Juan no lograba dormir por las noches, ni hacer zapatos de día, y así enfermó y se volvió muy pobre. Entonces, un día, como por magia o destino, tuvo una revelación, y se sentó en su taller y se puso a hacer un zapato chico, muy chico, donde apenas entraba su mano, con la esperanza de que sólo pudiese usarlo la indicada. Tardó años en hacer aquel zapato, que forró de seda y adornó con finos encajes y repujó de infinitos relieves. Después, dejó su casa y fue a recorrer el mundo. Pero esta no es una de esas historias en que se comen perdices: no hubo mujer a la que le entrara el zapato y, algunas, ni quisieron probárselo. Juan Gublín, que creía más que nunca en su sueño, siguió buscando por años, hasta que un día se sentó a beber de una fuente y vio su cara en ella y sólo supo que el de la fuente era él cuando encontró sus ojos, muy tristes, reflejados en el agua quieta. Juan Gublín supo ese día todo lo que sabemos pero nunca entendemos: que ya no era joven, que su aventura había sido en vano, que la Cenicienta no existe y que él no era, que nunca había sido, un Príncipe Azul. No tuvo el coraje de tirar el zapato a la fuente y se volvió a su pueblo. Se hizo herrero y se casó con su prima.

miércoles, 5 de agosto de 2009

PRUEBA DE MATEMÁTICAS: TEMA 1


El tren A parte del ghetto de Lodz a las 14:30 hs a una velocidad de 74 km/h en dirección a Chelmno. Mientras es deportado en ese tren, Jas intenta recordar una vieja canción que su madre cantaba al tender la ropa en las afueras de Ansfelden y que no escucha hace años. El tren B, cargado de los objetos de valor robados a los prisioneros, saldrá del campo de exterminio gitano de Chelmno a las 15:45 hs en dirección opuesta y a una velocidad de 55 km/h. Dado el siguiente problema, responder:

1) ¿A qué distancia de Chelmno se encontrarán los dos trenes y a qué hora?
2) ¿Qué distancia habrá recorrido el tren A en ese momento?
3) ¿Qué canción intentaba recordar Jas?
4) ¿Qué clase de hombre crea un campo de exterminio?
5) ¿A qué hora debe partir el tren B para que ambos trenes se encuentren a mitad de camino?
6) ¿Existe Dios?


domingo, 2 de agosto de 2009

ELEGANCIA


No creo, ni voy a creer nunca, que la elegancia sea algo dado. La elegancia es una impostura, en fin, un artificio, y, como todo artificio, requiere de inteligencia y talento para llegar a buen puerto. Eso es todo. No existe ningún otro secreto. Wilde, si se me permite citarlo por enésima vez, escribió por ahí que descreía de la naturalidad, que sólo los estúpidos eran naturalmente estúpidos. "El encanto", sentenciaba, "consiste en ser absolutamente artificial." Pero, por supuesto, esta artificilidad propuesta por Wilde, debía y debe pasar desapercibida, puesto que la elegancia es una de las formas más sutiles de la seducción. Quizás, no consista más que en ejercer el buen gusto con un sobrio histrionismo.

sábado, 1 de agosto de 2009

BOB


Ayer un amigo me preguntó la vida de quién me hubiera gustado vivir. Lo cierto es que esta pregunta recurrente entre amigos siempre me dio mala espina. A todos nos toca vivir una vida y eso de andar envidiando la de aquellos que decidieron vivirla con pasión y hacer algo importante con ella, me parece un gesto cómodo y un poco ruín. En fin, dije que envidiaba a Bob Beamon. "¿A quién?" Preguntó mi amigo con cierta deconfianza, suponiendo que le hablaba de algún escritor británico del siglo XVI.


17 de octubre. Un Hotel de México DF.

Imagínense a un muchacho negro de Long Island, aficionado a las bromas y a las mujeres hermosas, en un hotel de México DF festejando su cumpleaños número 22. Es 1968, se vivían entonces a pleno las épocas del black power y la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. Quizás por eso, Bob, a pesar de ser casi imberbe, lleva una barba un poco ridícula, al estilo de Patrice Lumumba y gusta de esos gestos de aparatosa arrogancia conque los nietos de esclavos buscan equilibrar su herencia de siglos de humillación. Tiene un cuerpo hermoso y fuerte; besa a su chica y la conoce reiteradas veces en el sentido bíblico de la palabra. Son estas, también, las épocas del amor libre y la experimentación con los sentidos promulgada por el rock y Timothy Leary, un tipo blanco y un tanto aristocrático. Quizás por eso la leyenda agregue marihuana y alcohol a esa noche de la que muy poco se sabe, una noche que no era muy diferente a otra si no fuera porque Bob, al otro día, muy temprano, tenía que competir en la prueba de salto en largo de las Olimpíadas de México.


18 de octubre. Estadio Olímpico de México DF.

Ahí estaba, parado a su lado, el gran favorito soviético, Igor Terovanesyan, dueño de la increíble marca mundial de 8,35 m. También estaba el británico Lyn Davis, el campeón olímpico. Miró a cada uno de los saltadores a su alrededor (todos ellos mucho más famosos que él) y se preguntó qué estaba haciendo ahí. Bob tenía una gran marca, pero no había saltado muchas veces por encima de los ocho metros. Ese día, en la ronda de clasificación, apenas había podido pasar los 7,65 m para llegar a la final. Lo cierto es que él había empezado jugando al básquetbol en la Universidad y llevaba poco tiempo practicando atletismo. Le gustaba mucho, pero le molestaba un poco el rigor que exigía y le molestaba ver hoy la cara de su entrenador, molesto, porque había sabido de su pequeña fiesta.

Por fin le tocó saltar. Lo hizo con el entusiasmo y la concentración de siempre, pero su carrera fue un poco más rápida que de costumbre: temió por eso que su salto fuera nulo o no poder controlarlo, pero todo salió muy bien, aunque se sintió un poco extraño en el aire. Al caer, supo al instante que ese había sido el mejor salto de su vida. Le sorprendió, sin embargo, ver que el juez permanecía quieto, sin medir su salto. La razón era muy simple: el mecanismo oficial de la pista no estaba preparado para medir una distancia tan larga. Debieron ir a buscar una cinta métrica común. Los segundos pasaban. Miles de personas en el estadio de México esperaban el resultado; miles de personas en el mundo lo hacían. Bob, miraba con fingida tranquilidad, desde un costado de la pista.


Un fin para una historia

8,90m. Eso decía el cartel oficial. Parecía una broma, pero no lo era. Bob corrió por la pista. Cayó en el piso. Lloró. Quizás pensó en algún momento feliz de su no tan lejana infancia, en los amigos de su barrio, o quizás, simplemente no pensó en nada. Lo cierto, lo único cierto, es que había un nuevo campeón olímpico y un nuevo récord mundial, que superaba en 55 cm al anterior, cosa que no había pasado nunca. Se habló del salto del siglo, se aseguró que nadie nunca iba a poder superarlo, Lyn Davis, resignado a perder su corona olímpica, afirmó que Bob había "destruido la disciplina" Fue el día más glorioso de la historia del atletismo moderno.


Otro final

Suele decirse que Tragedia es Comedia más tiempo. También podría decirse que Gloria más tiempo es igual a cotidianeidad, a rutina y medianía. Será por eso que me gustan los destinos como los de Bob, glorias momentáneas, efímeras: me gustan los hombres destinados a brillar enormemente en una disciplina inofensiva y (por qué no decirlo), inútil y que después, desaparecen como por arte de magia. Todos los actos humanos, a mi entender, tienen el valor de la pasión que ponemos en ellos. Bob, con su barba rídicula y su fuerza de titán, nunca volvió a ser el mismo después de ese increíble día. En los siguientes dos años, no pudo saltar nunca por encima de los ocho metros. Dejó el atletismo por un tiempo porque "ya no había razón para seguir". Jugó entonces al básquetbol, sin pena ni gloria. Después volvió al atletismo con nuevo entusiasmo, pero no pudo pasar de los 8,22 m y se retiró definitivamente.

Hoy, a los 62 años, trabaja en un complejo deportivo en Miami, donde seguramente ayuda a bajar de peso a cubanos exiliados y banqueros judíos retirados. El 30 de agosto de 1991, en la final del mundial de atletismo de Tokio, casi 23 años después, su compatriota Mike Powell saltó 8,95 m en otro día increíble. Pero eso (quizás) es otra historia.